El puente que tantas veces he transitado. Y el río que tantas veces he visto discurrir. Hoy ambas cosas se unen para lo siniestro. Cuando antes caminaba con desbordante alegría. Solo o con María. María lo disfrutaba más, porque estaba muy enamorada de mí. En cambio, yo sólo la quería. A donde íbamos siempre se sentía esa diferencia, que me incomodaba últimamente. Me carcomía el corazón. Hasta que pensé en el puente y en el río. Creo que estaba decidido, dudaba. “Te amo amor”, me decía. Y eso me retenía aventarme del puente. Qué cosas no entendía del amor, para poder complacerla. El amor no es como se dice, sino cómo se siente.