Alba Orfilia



Son tantas las analogías con tu nombre
que de tanto leerlas parecen robadas
por autores que con él sacian su hambre
y por el sol al despertar cada mañana.

Imitando a nuestra gran cocinera,
de niña jugabas a hornear alfajores,
guardando tu tesoro bajo la escalera.
Los viejos sabores son los mejores.

Por tus hermanos la más requerida.
Dueña de la lámpara de Aladino,
compartiendo tus dulces y golosinas,
cortesía de tu envidiado padrino.

Por querer hacer las cosas para bien
a veces los pollos terminan asados.
Lo supo aquel infortunado loro, también,
que en trampa de lana quedó atrapado.

No perdías ocasión para demostrar
tu pasta de anfitriona algo escasa.
Para tíos y primos la misma pregunta:
¿Cuándo te vas a ir de la casa?

Jardinera oculta por cortina de lata,
las lecciones se aprenden arando.
no se debe jugar sobre un triciclo,
sobre todo si aún está rodando.

Bienvenidas alumnas de intercambio
a reforzar las alianzas liceanas.
En la tuya una rubia volleybolista
y en la mía una morena violinista

Sorprendida de verle comer algo
que veinte veces él masticaba,
encontraste a tu ingenioso hidalgo.
Entre guías y scouts te esperaba.

Desde entonces marchan juntos.
¿De dónde sacaron el molde
para hacer de sus dos hijos
copias fieles de sus padres?

Tus ilusiones viajaron al norte,
sana envidía de una vida normal
Viendo cómo crecen tus frutos
ahora descansas a orillas del mar.

 
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