Los hilos negros de la decrepitud tejieron ante el amanecer de la vida una raída de contrariedades. Los galopantes años de su juventud añoraban las antiguas veleidades de una vida fiera y peligrosa, que parecía inmutable en su devenir. Y el Tiempo cayéndose por el abismo de la nostalgia, como obedeciendo las agujas del reloj. Mirad el horizonte si no habéis tocado con la mirada, ese viejo sol que se llevan las andadas y gastadas horas, para ser devoradas por la desnuda y lujuriosa noche: amante fatal.