El sol decaía en el horizonte. Al igual que mis penas se acumulaban en algún rincón de mi alma, y decaían al atardecer, cuando la soberana noche de invierno lo juzgaba todo, hasta mi forma de peinarme. Jajaja…si la noche supiera. Conocía la jungla de la noche y sus seres que lo habitan. Conozco también sus rincones donde esconderse. Pero yo no puedo esconderme de mí mismo, con toda esa mochila de penas. A donde fuera sufría mis penas. Que castigo tan oprobioso. Solo tenía que salir de esto. O me quedaba o me iba. El revolver estaba listo. Si la vida fuera como yo quisiera que fuera. Pero es todo lo contrario. Adiós Camila, fuiste tú lo que me hizo conocer la verdad. No estoy hecho para amar y ser amado. Soy solamente un triste y solitario lobo estepario, que no sabe qué es el amor.