…Y como ese larguísimo festival de los consuelos,
como una revancha llena de esplendor,
mientras el cuerpo lo sabe;
mientras el Buda como el Sol,
la canción pirata,
y nuestras torres de ajedrez, en la bahía…
y los elefantes, por esas sendas de las tabernas,
y el piano de Ana, en esa playa de las tortugas…
y las manos de Cristo, como los mares…
como una revancha llena de esplendor,
mientras el cuerpo lo sabe;
mientras el Buda como el Sol,
la canción pirata,
y nuestras torres de ajedrez, en la bahía…
y los elefantes, por esas sendas de las tabernas,
y el piano de Ana, en esa playa de las tortugas…
y las manos de Cristo, como los mares…