Nat Guttlein
さん
Un contrato
en el que ambos supimos poner cláusulas.
Tú que me amarías,
y yo que estaría siempre dispuesta a soportarlo todo.
Tu amor se venció,
y el mío dejó de ser fuerte.
Aquí nadie ganó.
El dolor se llevó la gloria,
y el camión de residuos,
ése que pasa como siempre,
como todas las noches a las once,
los recuerdos que hubiésemos podido almacenar.
En el ropero o debajo de la cama.
En el último cajón de la cajonera.
Ese roto.
Salido de forma,
y que siempre está lleno de moho.
Los recuerdos se van diluyendo.
Como un buen vino por entre el paladar.
Amargo.
Con restos ácidos,
y una que otra risa con sabor a lágrima seca.
Si,
creo que continúo hablando del alcohol.
en el que ambos supimos poner cláusulas.
Tú que me amarías,
y yo que estaría siempre dispuesta a soportarlo todo.
Tu amor se venció,
y el mío dejó de ser fuerte.
Aquí nadie ganó.
El dolor se llevó la gloria,
y el camión de residuos,
ése que pasa como siempre,
como todas las noches a las once,
los recuerdos que hubiésemos podido almacenar.
En el ropero o debajo de la cama.
En el último cajón de la cajonera.
Ese roto.
Salido de forma,
y que siempre está lleno de moho.
Los recuerdos se van diluyendo.
Como un buen vino por entre el paladar.
Amargo.
Con restos ácidos,
y una que otra risa con sabor a lágrima seca.
Si,
creo que continúo hablando del alcohol.
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