TU CUERPO MI POEMA -XI
Cercanía de un cielo plano
tus pezones
tus piernas
tu cuerpo dibujado al envés
de una ventana
llena de puntos rojos.
Ceremonia de besos a gusto,
cercanía a un plantel sin más pudor
que un desnudo poema
entrando en los hollines
de una noche jamás imaginable.
Hablar y que me inquiete
un beso sin crema,
tocar y sentir
la delicia de tus vellos
colocados en mi espalda.
Mi piel
mi hombro desgastado
probablemente por las tarambanas
que sufro cuando escribo sin ti.
Hablo de la policromía
de tu cuerpo
de tus pasos
de tu vestido negro que me lleva
a la musicalidad de tus dedos
hambrientos de guerra.
Oh, la sombra de tus piernas
en los rincones del silencio
abultadas
miradas
saboreadas.
Mi desobediente deseo
ama el hilo de tus certezas
en donde tú te plantas
y corre un río que quema.
Ah, las curvas desparramadas
en rebaños de terciopelo;
las horas tejiéndose en el color
de la ceniza
para que a lo lejos suban disimulados
y en calma, los besos.
En ti se detiene lo que deambula
en mi sangre, por ejemplo
aquellos astros mirados desde la niebla y la
la soledad deseada desde este tabernáculo terrenal.
Día a día
Mis ojos buscan el alambre
donde cuelgas tus sueños,
sin ellos no sabría vivir y,
al mismo tiempo morir.
Tu cuerpo pide que te lleve
por el camino corrupto
de mis versos;
la costumbre nos persigue
y se atreve a reír en un mar sin arena.
Ojalá que algún día trepemos
por la cáscara de la noche
y nos frotemos vivos
más allá del universo.
tus pezones
tus piernas
tu cuerpo dibujado al envés
de una ventana
llena de puntos rojos.
Ceremonia de besos a gusto,
cercanía a un plantel sin más pudor
que un desnudo poema
entrando en los hollines
de una noche jamás imaginable.
Hablar y que me inquiete
un beso sin crema,
tocar y sentir
la delicia de tus vellos
colocados en mi espalda.
Mi piel
mi hombro desgastado
probablemente por las tarambanas
que sufro cuando escribo sin ti.
Hablo de la policromía
de tu cuerpo
de tus pasos
de tu vestido negro que me lleva
a la musicalidad de tus dedos
hambrientos de guerra.
Oh, la sombra de tus piernas
en los rincones del silencio
abultadas
miradas
saboreadas.
Mi desobediente deseo
ama el hilo de tus certezas
en donde tú te plantas
y corre un río que quema.
Ah, las curvas desparramadas
en rebaños de terciopelo;
las horas tejiéndose en el color
de la ceniza
para que a lo lejos suban disimulados
y en calma, los besos.
En ti se detiene lo que deambula
en mi sangre, por ejemplo
aquellos astros mirados desde la niebla y la
la soledad deseada desde este tabernáculo terrenal.
Día a día
Mis ojos buscan el alambre
donde cuelgas tus sueños,
sin ellos no sabría vivir y,
al mismo tiempo morir.
Tu cuerpo pide que te lleve
por el camino corrupto
de mis versos;
la costumbre nos persigue
y se atreve a reír en un mar sin arena.
Ojalá que algún día trepemos
por la cáscara de la noche
y nos frotemos vivos
más allá del universo.
Eban
(Abril del 2009)
(Abril del 2009)