Llegarás…
No sé si con la noche,
cuando la oscuridad sea más cerrada.
Llegarás con cautela,
con la pisada leve de quien no quiere ser molesto.
Llegarás envuelta en silencios,
tan sólo el torpe ulular de la lechuza
romperá el encantamiento.
Te harás presente mientras duermen
el ruiseñor y la alondra,
la calandria y oropéndola.
Vendrás en noche sin luna,
cuajada sin embargo de estrellas y luceros
y pasarás bajo los árboles del jardín.
Tal vez te detendrás bajo el magnolio
de verdes y tersas hojas…
Llegarás…
Llegarás al tiempo quizás
de ver clarear la aurora,
con la brisa fría de la mañana
que pone gotas de rocío en las rosas,
en las telas de araña,
en las mimosas.
Serás cuidadosa al abrir puertas,
al recorrer los pasillos,
que conoces bien, de la vieja casa.
Aspirarás el aroma conocido
de los muebles coloniales
y te mirarás de reojo
al pasar frente al espejo grande.
Llegarás…
Llegarás como llega la lluvia fresca
al páramo que la está aguardando.
Llegarás como llega el son jubiloso
de las campanas en los días de fiesta.
Serás torrente alegre que baja cantarín
por los arroyos secos del verano.
Vendrás como un renuevo,
como un aire limpio y puro
Llegarás…
Y te estaré aguardando