Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Al atardecer, en el horizonte, el sol quemaba la tarde, desde mi ventana yo contemplaba el espectáculo que la naturaleza ofrecía, sé, que muchas tardes, durante años vi aquellos atardeceres, pero… ¡Oh! Parecía que era la primera vez que lo veía. ¿Tanto había cambiado mi mirada en tan poco tiempo? ¿Un año? ¿O tal vez, varias vidas? No lo podría decir.
El mundo, ahora es una selva, invisible y disfrazado acecha un enemigo con garras mortales, que escondido entre minúsculas gotitas de saliva se aferran a las palabras para invadirnos.
Escudos de mascarillas y distancias, las palabras quedan reemplazadas por gestos. Un mundo nuevo se alza entre las brumas de la incertidumbre, otra era se cuela antes nuestros ojos, que incrédulos miran sin comprender que nada volverá a ser igual.
Sigo mirando al horizonte,como rezo, en una letanía, balbuceo miles de palabras que cada día dejo de pronunciar.
El mundo, ahora es una selva, invisible y disfrazado acecha un enemigo con garras mortales, que escondido entre minúsculas gotitas de saliva se aferran a las palabras para invadirnos.
Escudos de mascarillas y distancias, las palabras quedan reemplazadas por gestos. Un mundo nuevo se alza entre las brumas de la incertidumbre, otra era se cuela antes nuestros ojos, que incrédulos miran sin comprender que nada volverá a ser igual.
Sigo mirando al horizonte,como rezo, en una letanía, balbuceo miles de palabras que cada día dejo de pronunciar.
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