charlie ía
tru váyolens
no se puede ocultar
que la admiro, viéndola subir
hasta estar segura de que nos observa
desde las nubes.
incluso si absolutamente nadie
desde el cielo
cuestiona una sola de las agudas palabras
que le suponemos.
ni una sola
de sus descaradas provocaciones.
verás, sí entiendo la necesidad
de una diosa por sexo.
incluso de las que, en algún
momento de su vida
prefirieron adoptar una forma
más digerible
a nuestros ojos humanos-
al remover cualquier posible fuente de luz
que pudiese interponerse
entre nosotros:
así aspira únicamente a impedir
ese mayor confort
que me pueda generar
la destrucción de su cuerpo
entre mis manos.
sería
tan fácil atraparla con rapidez
igual que las economías contemporáneas
a la totalidad de los imbéciles;
apretarla
con todas mis fuerzas
solo para ver sus tímidos colores
desbaratados a pedazos
bajo una lluvia lacada de terciopelo.
igual que los techos
de los condenados.
igual que
los
besos
de los condenados:
mejor hacerlo
tomando distancia
de sus estilizados movimientos.
como a una amante
a la que hemos decidido
abandonar
antes de que sea ella misma
quien nos mande a la verga pronto,
bajo una lluvia lacada de terciopelo.