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Tres poemas-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Oh no conformaos con la piedra

la que alzáis con simulado desprecio

agitad la horda de puntas de sierpes

que contrarían vuestras simulaciones.

Y dejad este cuerpo en el vacío.

Disculpad las hazañas, los regresos,

los eternos instantes de celebración,

esos huesos excavados en la oronda piedra

tatuarán de sol vuestros reductos obsequiosos.

Y en el placer las licorerías y de los vestigios de sal,

concentraréis vuestro afán de cortesía.







II-.



Nazco entre desiertos

pájaros azules que divierten al maestro

golpead los biombos y los baúles enfermos

las alegorías de los sueños y las fraternales

capas de obsidiana, tempestuoso tormento.

Repetid vuestro insigne incendio de rosas

aquellas que por primera vez destruyeron los patios

y bebed de una ruina que se apodera de los sitios.

La cabeza del bebe partido, resumirá vuestras

crueles andanzas, vuestros baños repetitivos,

la orina del cielo que organiza vuestros idiomas.



III-.



Ya ascienden las hojas por la avenida

titubean como esporádicas rosas que aliviaran

su sonido, desmienten el tráfico de los ojos

percibiendo sólo el flujo dogmático de las arterias.

Hay una mano detrás de todo esto

una mano gloriosa que resume ese ímpetu primaveral

que bajo el soldado enemigo acude en masa

escupiendo al trópico de sombras y estalactitas.

Ya encienden sus hipogeos las rosas

las cabras en descenso sumergen sus estatutos

en el centro mismo del imperio.
 
Oh no conformaos con la piedra

la que alzáis con simulado desprecio

agitad la horda de puntas de sierpes

que contrarían vuestras simulaciones.

Y dejad este cuerpo en el vacío.

Disculpad las hazañas, los regresos,

los eternos instantes de celebración,

esos huesos excavados en la oronda piedra

tatuarán de sol vuestros reductos obsequiosos.

Y en el placer las licorerías y de los vestigios de sal,

concentraréis vuestro afán de cortesía.







II-.



Nazco entre desiertos

pájaros azules que divierten al maestro

golpead los biombos y los baúles enfermos

las alegorías de los sueños y las fraternales

capas de obsidiana, tempestuoso tormento.

Repetid vuestro insigne incendio de rosas

aquellas que por primera vez destruyeron los patios

y bebed de una ruina que se apodera de los sitios.

La cabeza del bebe partido, resumirá vuestras

crueles andanzas, vuestros baños repetitivos,

la orina del cielo que organiza vuestros idiomas.



III-.



Ya ascienden las hojas por la avenida

titubean como esporádicas rosas que aliviaran

su sonido, desmienten el tráfico de los ojos

percibiendo sólo el flujo dogmático de las arterias.

Hay una mano detrás de todo esto

una mano gloriosa que resume ese ímpetu primaveral

que bajo el soldado enemigo acude en masa

escupiendo al trópico de sombras y estalactitas.

Ya encienden sus hipogeos las rosas

las cabras en descenso sumergen sus estatutos

en el centro mismo del imperio.

Una maravilla estos tres poemas, una excelente lectura, una joya literaria, ciertamente. Enhorabuena amigo Ben, un abrazo.
 

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