¿Tú qué eres? le interrogaba la voz. A donde iba, la pregunta insistía. Comenzó a tomarlo en serio, porque lo torturaba día y noche. Era católico y cuando entraba a la Iglesia, creía encontrar la respuesta; pero no lo hallaba. Buscaba fuera lo que tal vez estaba en su interior. Sin embargo, ignoraba esa posibilidad o no era consciente. Se angustiaba no tener una respuesta clara. “Esto creo que es una crisis existencial”, se decía. Pero cuánto más se acercaba a la gente tal cual era, más se desconocía y se desconcertaba. Fue así que tomó una decisión: se iría a la montaña más lejana que conociera, y no bajaría de ella hasta encontrar una respuesta contundente. En esa soledad voluntaria, la voz parecía apaciguarse, en la medida que él se adentraba en si mismo. Se conecto con su alma y corazón, y al fin supo qué era: energía universal.