Y gracias a esos cipreses, que esperaban el arte de la paz…
y con los hermanos de las lavanderas,
y los hermanos de las lavadoras…
cuando me traía el río, esos susurros de los molinos...
porque es una ciudad pequeña,
por el sabor que nos deja, la motocicleta al pasar…
las anestesias de los tejados…
y la Santa Cena, y todo el amor que nos ronronea en el vientre ...
y como ese barco que parte a través de las voces azuladas de la noche…