TIEMPO
Se ha detenido el tiempo
cuando la aguja del minutero de ha atascado en el incendio
Esa es la fuerza que puede tener ese pequeño minuto
que se ha perdido en el fuego
Se ha detenido el tiempo
y la esfera se ha aovado con estruendo
Saltan muelles y columnas y pequeñas ruedas dentadas
con el fragor acrecentado por los ecos
Se resienten las bóvedas y los quejidos del beaterío
hacen insoportables los cantos del salterio
Se ha detenido el tiempo y el beso no ha llegado a consumarse
el corazón acelerado de la frágil muchachita
se ha detenido en su latir
Es un corazón de tiempo que no soporta el silencio
Hasta dónde puede llegar la tristeza cuando un corazón se detiene
Hay corazones de estatua a los que no les afecta el silencio
y no se detienen cuando una aguja minutera se atasca
en la frialdad de la noche o en un incendio
El último gorrión les dejó su calor mecánico y no conocen a M. Proust
y su búsqueda del tiempo
Por lo demás las estatuas se detuvieron en su último minuto
para ser a cambio pasto del otro tiempo
el que nunca se detiene
Un aderezo de hojas y rumores de fuentes
recuerdan a las estatuas cuando la sangre circulaba
por sus venas hechas de tiempo
El tiempo ese magma blanquinoso color de bruma y sonata
y una soledad que angustia porque se sabe que acabará
y desde entonces estará ya fuera del tiempo
Hacéis bien oh hombres en situar vuestros relojes
tan hermosos algunos de ellos
en pináculos inaccesibles a las aves
que transitan a través de los océanos rocosos
cuya misión es deglutir paquebotes lujosísimos
en los que se derrocha el tiempo
Nacen jardines de mi mirada cuando el amor riega mis párpados
jardines que florecen tan sólo en las negras cálidas noches
en las que muchachas con aspecto de luciérnagas
me visitan en mi apartado mundo que está fuera de él
Noches de orgía silenciosa
a la luz intemporal de las luciérnagas cautivas
noches en las que podría escribir algunos de mis mejores versos
si tuviese papeles hechos
de tiempo.
Ilust.: Salvador Dalí. “El ojo del tiempo.” 1971
Se ha detenido el tiempo
cuando la aguja del minutero de ha atascado en el incendio
Esa es la fuerza que puede tener ese pequeño minuto
que se ha perdido en el fuego
Se ha detenido el tiempo
y la esfera se ha aovado con estruendo
Saltan muelles y columnas y pequeñas ruedas dentadas
con el fragor acrecentado por los ecos
Se resienten las bóvedas y los quejidos del beaterío
hacen insoportables los cantos del salterio
Se ha detenido el tiempo y el beso no ha llegado a consumarse
el corazón acelerado de la frágil muchachita
se ha detenido en su latir
Es un corazón de tiempo que no soporta el silencio
Hasta dónde puede llegar la tristeza cuando un corazón se detiene
Hay corazones de estatua a los que no les afecta el silencio
y no se detienen cuando una aguja minutera se atasca
en la frialdad de la noche o en un incendio
El último gorrión les dejó su calor mecánico y no conocen a M. Proust
y su búsqueda del tiempo
Por lo demás las estatuas se detuvieron en su último minuto
para ser a cambio pasto del otro tiempo
el que nunca se detiene
Un aderezo de hojas y rumores de fuentes
recuerdan a las estatuas cuando la sangre circulaba
por sus venas hechas de tiempo
El tiempo ese magma blanquinoso color de bruma y sonata
y una soledad que angustia porque se sabe que acabará
y desde entonces estará ya fuera del tiempo
Hacéis bien oh hombres en situar vuestros relojes
tan hermosos algunos de ellos
en pináculos inaccesibles a las aves
que transitan a través de los océanos rocosos
cuya misión es deglutir paquebotes lujosísimos
en los que se derrocha el tiempo
Nacen jardines de mi mirada cuando el amor riega mis párpados
jardines que florecen tan sólo en las negras cálidas noches
en las que muchachas con aspecto de luciérnagas
me visitan en mi apartado mundo que está fuera de él
Noches de orgía silenciosa
a la luz intemporal de las luciérnagas cautivas
noches en las que podría escribir algunos de mis mejores versos
si tuviese papeles hechos
de tiempo.
Ilust.: Salvador Dalí. “El ojo del tiempo.” 1971