Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
...
Sé, que me sería conveniente
reforzar los andamios cinéticos.
Afianzar firmemente las celosas
herramientas literarias, y recién
entonces, construir. Y no así,
como lo hago. Pues, sin metro,
nivel ni plomada y con las manos
por fletachos, construyo a lo bruto,
toscamente, como arcano albañil
del barro (y así me quedan),
desmedidos, extravagantes
edificios de conceptuales torres.
Profusión de sinuosos muros tímidos,
patios de multifacéticos mosaicos,
como mi certidumbre, y estrechas
callejas instintivas, con umbríos,
excesivos como ahora, recónditos
pasajes síquicos. Construyo:
pretendidamente épicos o líricos,
artísticamente humildes, recintos
personales, francamente erguidos
a descriptiva cimentación.
Con verdes y soleados postigos
a la mar fluctuante de mi numen
y claraboyas al paradigma azul
de mis influenciados argumentos.
Todo lo cual, laboriosamente tienta
justificar el entusiasta motivo
sin excusa y burdo afán, de tan
irregular arquitectura. Pero eso sí:
¡Obstinadamente blanca! contra
toda insidiosa adversidad, y puertas
abiertas de par en par, si desvalido,
al indispensable, humano sentimiento.
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Sé, que me sería conveniente
reforzar los andamios cinéticos.
Afianzar firmemente las celosas
herramientas literarias, y recién
entonces, construir. Y no así,
como lo hago. Pues, sin metro,
nivel ni plomada y con las manos
por fletachos, construyo a lo bruto,
toscamente, como arcano albañil
del barro (y así me quedan),
desmedidos, extravagantes
edificios de conceptuales torres.
Profusión de sinuosos muros tímidos,
patios de multifacéticos mosaicos,
como mi certidumbre, y estrechas
callejas instintivas, con umbríos,
excesivos como ahora, recónditos
pasajes síquicos. Construyo:
pretendidamente épicos o líricos,
artísticamente humildes, recintos
personales, francamente erguidos
a descriptiva cimentación.
Con verdes y soleados postigos
a la mar fluctuante de mi numen
y claraboyas al paradigma azul
de mis influenciados argumentos.
Todo lo cual, laboriosamente tienta
justificar el entusiasta motivo
sin excusa y burdo afán, de tan
irregular arquitectura. Pero eso sí:
¡Obstinadamente blanca! contra
toda insidiosa adversidad, y puertas
abiertas de par en par, si desvalido,
al indispensable, humano sentimiento.
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