Acababa la cena y todos se fueron a sus dormitorios, menos yo. Recordaba a mamá cuando nos cocinaba. Sus gestos y su forma de hablar, y hasta de servirnos la cena, era única. Estaba solo en la cocina y lo observaba como jamás lo hubiera hecho. Al costado del microondas sobresalía un viejo libro. Me levanté de la mesa y lo cogí. Leí el título del libro: ¡Adiós mamá!. Comencé a leerlo. Hacía mucho frio. Temblaba y me preparé un café caliente. El libro era tan pequeño que lo terminaría al acabarme el café. Lo leía con atención, y sollozaba con cada frase. Pero cosa curiosa, el libro no tenía autor. A medida que me acercaba al final del libro, sentí un extraño escalofrío por la espalda. Cuando de pronto alguien me toca con cariño allí mismo: era mamá. Había vuelto y me dijo que ella había escrito aquel libro.