Es esa noche de luna que nos hace soñar
o el instante en que nuestra piel
se enciende en una clara madrugada,
un tiempo sin tiempo que se prende
en nuestros dedos y se hace alondra,
asombro, sentimientos vertidos
como cascada que sin pudor,
desnuda sus aguas, para abrazarse
a la tierra que con ansias la espera.
Es esa lluvia temprana que nos sorprende
o ese fuego que nos va quemando los labios,
un pico nevado que nos eleva a su cumbre,
una lágrima esquiva que se escurre prófuga,
para debatirse entre el corazón y la pluma.
Esas historias sin contar
y las que contamos a diario,
un suspiro que se escapa sin querer
con la mirada perdida de horizonte
y esas bocas que se ofrecen en un gesto de amistad,
de cariño o de consuelo,
hacen inagotable el caudal de las letras,
el mágico vuelo de mariposas que parece urgirnos
en el amable desahogo de las almas
y que hace inmortal la poesía.
Ana Mercedes Villalobos