BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Oh cómo alientas el sonido
de las tenazas invertidas, y cómo,
gloriosamente, incides por mí
en los relojes que golpean con su ruido
las catedrales donde se alojan los asesinos.
La carne es un vestigio del cielo
donde cayeron tantos abrigos neutros,
colorido insustancial y venas decapitadas.
Columnas cuyo fuego admiran
los valientes soldados del exterior.
Yo contemplo la carne desvanecerse,
ignorarse por completo, vestirse nocturnamente
y acometer las olas con improperios vacíos.
Y me atrae la marea que arroja senos a los labios
de las medusas, y esa deformidad de los cuerpos
que han asumido su desgaste inaugural.
Cómo cayeron las distancias y los objetos
y las puertas incendiadas y los pechos retóricos,
ahora, un camión de las basuras, recoge pedazos
de perro famélico, y un depósito blanco, de cal y cemento,
compacta los residuos del agua antes desinfectada.
©
de las tenazas invertidas, y cómo,
gloriosamente, incides por mí
en los relojes que golpean con su ruido
las catedrales donde se alojan los asesinos.
La carne es un vestigio del cielo
donde cayeron tantos abrigos neutros,
colorido insustancial y venas decapitadas.
Columnas cuyo fuego admiran
los valientes soldados del exterior.
Yo contemplo la carne desvanecerse,
ignorarse por completo, vestirse nocturnamente
y acometer las olas con improperios vacíos.
Y me atrae la marea que arroja senos a los labios
de las medusas, y esa deformidad de los cuerpos
que han asumido su desgaste inaugural.
Cómo cayeron las distancias y los objetos
y las puertas incendiadas y los pechos retóricos,
ahora, un camión de las basuras, recoge pedazos
de perro famélico, y un depósito blanco, de cal y cemento,
compacta los residuos del agua antes desinfectada.
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