EMBARQUE A CITEREA
Mar como espejo voraz
que abrasa cuanto en él se refleja
las ablandadas pasiones de los sátiros
que con las bellas juegan
o el canto de los pájaros que sólo trinan silencios
Mar que espera como unicornio apaciguado
para transportar en su lomo
orquídeas y hechizos de amor.
Y también la Afrodita de nigth-club
con sus ajadas bellezas
y las luces descarnadas que señalan apenas
los antros donde se ofrecen placeres de carnes lacias
y güisquis adulterados
Intervalos de la pasión que se fragua en las miradas
- las miradas no tienen en el mar reflejo
y no pueden ser devoradas -
Los violentados rasos que abullonan
los elásticos cuerpos de las damas
Los amorcillos de céfiro
magia voladora bajo el árbol que invita a la siesta
Citerea en la lejanía
sueño alcanzable sobre las turquesas que son las teselas del mar
Invención del temblor y del susurro
de la caricia sosegada
en la algarabía de la partida
Amanece en la ciudad
los primeros ajetreos los tranvías y los adormilados obreros
las farolas renuentes a dejar su protagonismo nocturno
el último borracho que abandona la Citerea urbana
desolado por no haber encontrado su fascinación sabatina
Cánticos y el lánguido beso iniciático
rumor de vidrios finísimos en los que se vierte el licor de ámbar
Equipajes de sorpresas en alcancías de oro
que se derramarán sobre las mantelerías verdes
guarnecidas con las hojas inmoladas por el tiempo
Citerea o paraíso
al que sólo pueden acceder los viajeros solitarios
o quienes estén de verdad enamorados y lloran sus abandonos
Cuando brilla intenso el sol
Citerea nos llama con sus vertiginosos silencios.
Mar como espejo voraz
que abrasa cuanto en él se refleja
las ablandadas pasiones de los sátiros
que con las bellas juegan
o el canto de los pájaros que sólo trinan silencios
Mar que espera como unicornio apaciguado
para transportar en su lomo
orquídeas y hechizos de amor.
Y también la Afrodita de nigth-club
con sus ajadas bellezas
y las luces descarnadas que señalan apenas
los antros donde se ofrecen placeres de carnes lacias
y güisquis adulterados
Intervalos de la pasión que se fragua en las miradas
- las miradas no tienen en el mar reflejo
y no pueden ser devoradas -
Los violentados rasos que abullonan
los elásticos cuerpos de las damas
Los amorcillos de céfiro
magia voladora bajo el árbol que invita a la siesta
Citerea en la lejanía
sueño alcanzable sobre las turquesas que son las teselas del mar
Invención del temblor y del susurro
de la caricia sosegada
en la algarabía de la partida
Amanece en la ciudad
los primeros ajetreos los tranvías y los adormilados obreros
las farolas renuentes a dejar su protagonismo nocturno
el último borracho que abandona la Citerea urbana
desolado por no haber encontrado su fascinación sabatina
Cánticos y el lánguido beso iniciático
rumor de vidrios finísimos en los que se vierte el licor de ámbar
Equipajes de sorpresas en alcancías de oro
que se derramarán sobre las mantelerías verdes
guarnecidas con las hojas inmoladas por el tiempo
Citerea o paraíso
al que sólo pueden acceder los viajeros solitarios
o quienes estén de verdad enamorados y lloran sus abandonos
Cuando brilla intenso el sol
Citerea nos llama con sus vertiginosos silencios.