SHERIDAM
Poeta asiduo al portal
Descubrí el mundo en tu mirada
lágrimas de amor desparpajadas.
En tu sangre el ser que me acompaña fuerza limpia,
alma innata,
luz de tus senos Blanca,
Amor de tu dolor de vida
dolor de tus entrañas
A ti todas las gracias,
No hay azucena,
rosa o Margarita
que igualen la belleza que te enmarca
Susurro de arrullo tu latir inquebrantable
que a pesar de los años siguen tranquilizando mi alma.
Mi dolor en ti adormece madre mía cuando a tu seno vuelvo hecha trizas
Y mi felicidad en ti se enaltece
cuando de tu rostro brota la sonrisa.
A ti todas las gracias
Resplandor genuino del respeto,
Artilugio de amor
de compañía
eres el refugio de los nietos
el calor de toda la familia.
Mujer ensimismada,
inigualable,
tú voz hace bailar las golondrinas,
los ruiseñores callan mientras duermes pero adornan las mañanas cuando los baña el eco de tu risa.
Y ahora que soy madre te comprendo
Entiendo cada lágrima en tus ojos,
La fortaleza de tu cuerpo exhausto,
la impotencia de amarrar tus alas para ver volar a tus retoños.
Cual regalo inigualable
Me puso en tus manos la vida
Y es indescifrable el sentimiento,
Es regocijo y alegría.
Madre mía...
Madre mía si supieras la honra que te debo
Te doy las gracias cada día
Por ser mi fortaleza y mi refugió
Por ser valimiento de mi vida.
Al paso de los años solo pido poder exaltar la virtud de tu existencia,
como el mar exalta al sol que brilla,
como la selva exalta su presencia.
Alegoría de tenerte,
digna mujer de lienzo blanco,
que de tu nombre no existe desdoro alguno o volandera que pretenda desdibujar tus pasos.
Madre mía,
A dios gracias repito porque dignificaste mi existencia con tu sangre, como a cristo te enaltecio tu nombre,
Abi del padre, gail de alegría para volverte Sacramento en sus palabras Abigail, luz, fortaleza y vida.
Alegría del padre te nombraron sin saber que serías la matriarca enaltecida,
el pilar inigualable de nuestra familia.
Gracias madre mía.
En tu sangre el ser que me acompaña fuerza limpia,
alma innata,
luz de tus senos Blanca,
Amor de tu dolor de vida
dolor de tus entrañas
A ti todas las gracias,
No hay azucena,
rosa o Margarita
que igualen la belleza que te enmarca
Susurro de arrullo tu latir inquebrantable
que a pesar de los años siguen tranquilizando mi alma.
Mi dolor en ti adormece madre mía cuando a tu seno vuelvo hecha trizas
Y mi felicidad en ti se enaltece
cuando de tu rostro brota la sonrisa.
A ti todas las gracias
Resplandor genuino del respeto,
Artilugio de amor
de compañía
eres el refugio de los nietos
el calor de toda la familia.
Mujer ensimismada,
inigualable,
tú voz hace bailar las golondrinas,
los ruiseñores callan mientras duermes pero adornan las mañanas cuando los baña el eco de tu risa.
Y ahora que soy madre te comprendo
Entiendo cada lágrima en tus ojos,
La fortaleza de tu cuerpo exhausto,
la impotencia de amarrar tus alas para ver volar a tus retoños.
Cual regalo inigualable
Me puso en tus manos la vida
Y es indescifrable el sentimiento,
Es regocijo y alegría.
Madre mía...
Madre mía si supieras la honra que te debo
Te doy las gracias cada día
Por ser mi fortaleza y mi refugió
Por ser valimiento de mi vida.
Al paso de los años solo pido poder exaltar la virtud de tu existencia,
como el mar exalta al sol que brilla,
como la selva exalta su presencia.
Alegoría de tenerte,
digna mujer de lienzo blanco,
que de tu nombre no existe desdoro alguno o volandera que pretenda desdibujar tus pasos.
Madre mía,
A dios gracias repito porque dignificaste mi existencia con tu sangre, como a cristo te enaltecio tu nombre,
Abi del padre, gail de alegría para volverte Sacramento en sus palabras Abigail, luz, fortaleza y vida.
Alegría del padre te nombraron sin saber que serías la matriarca enaltecida,
el pilar inigualable de nuestra familia.
Gracias madre mía.