Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se pintaba los labios con fresas del jardín de las poesías
y ponía rubor en su cara tostada por el amor de la vida,
tenía trajes de estrellas que nunca hicieron constelación,
un buque, un avión y un tren que en la hora buena
no conocían su estación.
Quería comerse al mundo y encontrar un príncipe azul
hacer castillos en la arena, sentirse ligera
tostándose al sol, bailar un calipso o un blues
en brazos de cualquiera que quererla lo quiera.
Cada vez que se baja la marea se suben las ruinas,
cada vez que se quedan dormidos los besos
se despierta un adiós, un baile moderno
de esos que se bailan a dos metros de un beso de amor.
Inventaba contactos en su celular, inventaba amoríos,
la almohada es testigo de que un príncipe
nunca la quiso estrenar,
no todos se mueren de amor, pero todos morimos,
no todos seducen a Dios, pero todos existimos.
Se pintaba las uñas deseando estrenarlas gritando pasión,
y se planchaba el cabello, sintiéndose modelo,
mirando el reloj,
no hay pasarelas para estrenar vestidos de luto un domingo,
ni besos de reacción en cadena, ni escala sin un contigo,
cada vez que se sube la fiebre, se bajan las defensas
y existe siempre un tornillo sin tuerca
que, para no sentirse solo, se adapta al dolor.
Ayer apareció Romeo, sin trajes de gala ni caballos de lujo,
pero resulta que el amor al igual que la vida
no necesitan envases de oro ni enchapes en esmeraldas,
Romeo no tiene un carro último modelo,
ni vive en condominio, ni tiene profesión con diploma en la pared,
pero la ama como a un diamante en bruto
y cuando ella lo llama, siempre la llega a ver.
y ponía rubor en su cara tostada por el amor de la vida,
tenía trajes de estrellas que nunca hicieron constelación,
un buque, un avión y un tren que en la hora buena
no conocían su estación.
Quería comerse al mundo y encontrar un príncipe azul
hacer castillos en la arena, sentirse ligera
tostándose al sol, bailar un calipso o un blues
en brazos de cualquiera que quererla lo quiera.
Cada vez que se baja la marea se suben las ruinas,
cada vez que se quedan dormidos los besos
se despierta un adiós, un baile moderno
de esos que se bailan a dos metros de un beso de amor.
Inventaba contactos en su celular, inventaba amoríos,
la almohada es testigo de que un príncipe
nunca la quiso estrenar,
no todos se mueren de amor, pero todos morimos,
no todos seducen a Dios, pero todos existimos.
Se pintaba las uñas deseando estrenarlas gritando pasión,
y se planchaba el cabello, sintiéndose modelo,
mirando el reloj,
no hay pasarelas para estrenar vestidos de luto un domingo,
ni besos de reacción en cadena, ni escala sin un contigo,
cada vez que se sube la fiebre, se bajan las defensas
y existe siempre un tornillo sin tuerca
que, para no sentirse solo, se adapta al dolor.
Ayer apareció Romeo, sin trajes de gala ni caballos de lujo,
pero resulta que el amor al igual que la vida
no necesitan envases de oro ni enchapes en esmeraldas,
Romeo no tiene un carro último modelo,
ni vive en condominio, ni tiene profesión con diploma en la pared,
pero la ama como a un diamante en bruto
y cuando ella lo llama, siempre la llega a ver.
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