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Encuentro Surrealista

Rafapuello

Poeta fiel al portal
En una matutina noche,

donde la clara sombra de la luz oscura

con presencia de escaso derroche

galopaba como jinete sin montura,


miraba yo al cercano cielo

que en su inalcanzable cercanía

me invitaba con mudas palabras de hielo

a conversar en su solitaria compañía,


y en este idílico encuentro

de mudas palabras y sordo oír

le robamos horas al tiempo

y le inyectamos vida a lo morir.


Mientras cruzamos derechas miradas

que se sostenían en la cuerda del tiempo,

nuestros ojos, sin pies danzaban

al compas de etérea música que cantaba el viento.


Era una silenciosa serenata

que escuchaba el serenatero,

donde escuchar sin oír se trata

la muda música como creerle a un embustero.


Y en este besar sin beso,

y en este abrazar sin brazos,

donde lo poco es exceso

y el despertar es el ocaso,


se disfruta del apagado titilar de las estrellas,

del raudo caminar de la luna,

del opaco sendero de la centella

y del enceguecedor resplandor de la medialuna.


En esta hora adormecido

por el mudo ronronear de la luna

y con felpuda sombra vestido

me acurruco en el rincón de una inexistente cuna.


Ahora con el frio de la calurosa noche,

en el sombrío despertar de una noche sin sueño,

la vía láctea recorro en un lácteo coche

del que me jacto ser… el único dueño.


Y en este paseo interestelar

donde encuentro bosques de ambrosías,

vientos áridos llenando el mar,

y riachuelos de aire y agua vacía,


me estremezco con lo rutinario,

me sorprendo con lo no encontrado

y dando vuelta en lo milenario

me regreso a lo actualizado.


Adiós le digo al cielo,

sin decirlo me despido,

y caminando en pleno vuelo

me despierto… y a la realidad yo me arrimo.


Rafa Puello.

Barranquilla – Colombia.
 
En una matutina noche,

donde la clara sombra de la luz oscura

con presencia de escaso derroche

galopaba como jinete sin montura,


miraba yo al cercano cielo

que en su inalcanzable cercanía

me invitaba con mudas palabras de hielo

a conversar en su solitaria compañía,


y en este idílico encuentro

de mudas palabras y sordo oír

le robamos horas al tiempo

y le inyectamos vida a lo morir.


Mientras cruzamos derechas miradas

que se sostenían en la cuerda del tiempo,

nuestros ojos, sin pies danzaban

al compas de etérea música que cantaba el viento.


Era una silenciosa serenata

que escuchaba el serenatero,

donde escuchar sin oír se trata

la muda música como creerle a un embustero.


Y en este besar sin beso,

y en este abrazar sin brazos,

donde lo poco es exceso

y el despertar es el ocaso,


se disfruta del apagado titilar de las estrellas,

del raudo caminar de la luna,

del opaco sendero de la centella

y del enceguecedor resplandor de la medialuna.


En esta hora adormecido

por el mudo ronronear de la luna

y con felpuda sombra vestido

me acurruco en el rincón de una inexistente cuna.


Ahora con el frio de la calurosa noche,

en el sombrío despertar de una noche sin sueño,

la vía láctea recorro en un lácteo coche

del que me jacto ser… el único dueño.


Y en este paseo interestelar

donde encuentro bosques de ambrosías,

vientos áridos llenando el mar,

y riachuelos de aire y agua vacía,


me estremezco con lo rutinario,

me sorprendo con lo no encontrado

y dando vuelta en lo milenario

me regreso a lo actualizado.


Adiós le digo al cielo,

sin decirlo me despido,

y caminando en pleno vuelo

me despierto… y a la realidad yo me arrimo.


Rafa Puello.

Barranquilla – Colombia.
En una matutina noche,

donde la clara sombra de la luz oscura

con presencia de escaso derroche

galopaba como jinete sin montura,


miraba yo al cercano cielo

que en su inalcanzable cercanía

me invitaba con mudas palabras de hielo

a conversar en su solitaria compañía,


y en este idílico encuentro

de mudas palabras y sordo oír

le robamos horas al tiempo

y le inyectamos vida a lo morir.


Mientras cruzamos derechas miradas

que se sostenían en la cuerda del tiempo,

nuestros ojos, sin pies danzaban

al compas de etérea música que cantaba el viento.


Era una silenciosa serenata

que escuchaba el serenatero,

donde escuchar sin oír se trata

la muda música como creerle a un embustero.


Y en este besar sin beso,

y en este abrazar sin brazos,

donde lo poco es exceso

y el despertar es el ocaso,


se disfruta del apagado titilar de las estrellas,

del raudo caminar de la luna,

del opaco sendero de la centella

y del enceguecedor resplandor de la medialuna.


En esta hora adormecido

por el mudo ronronear de la luna

y con felpuda sombra vestido

me acurruco en el rincón de una inexistente cuna.


Ahora con el frio de la calurosa noche,

en el sombrío despertar de una noche sin sueño,

la vía láctea recorro en un lácteo coche

del que me jacto ser… el único dueño.


Y en este paseo interestelar

donde encuentro bosques de ambrosías,

vientos áridos llenando el mar,

y riachuelos de aire y agua vacía,


me estremezco con lo rutinario,

me sorprendo con lo no encontrado

y dando vuelta en lo milenario

me regreso a lo actualizado.


Adiós le digo al cielo,

sin decirlo me despido,

y caminando en pleno vuelo

me despierto… y a la realidad yo me arrimo.


Rafa Puello.

Barranquilla – Colombia.
Un recorrido es pecial de sabores que se difunden como desgajados pero a
la vez plenos de una ensoñacion en vuelo. ciertas formas nostalgicas
en esos encuentros, bellissimo. saludos amables de luzyabsenta
 

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