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Buscamos nuestras almas y nos encontramos en cuerpos
que también se escapan: somos peces anclados a su fuga,
nos disolvemos en el humo de la extinción y del placer,
esnifamos nuestras carnes hasta alucinar sus átomos sagrados
para arrojarlos fuera de nosotros.
Alma es el instinto de ser aire que estorba a la rutina de morirnos
y el amor es un ritual de exorcismo a carcajadas.
Expulsados del paraíso, Eva y Adán se miran felices
sin luz de túnel en los ojos.
Aún les restan quince minutos para vestirse y regresar al trabajo.
Buscamos nuestras almas y nos encontramos en cuerpos
que también se escapan: somos peces anclados a su fuga,
nos disolvemos en el humo de la extinción y del placer,
esnifamos nuestras carnes hasta alucinar sus átomos sagrados
para arrojarlos fuera de nosotros.
Alma es el instinto de ser aire que estorba a la rutina de morirnos
y el amor es un ritual de exorcismo a carcajadas.
Expulsados del paraíso, Eva y Adán se miran felices
sin luz de túnel en los ojos.
Aún les restan quince minutos para vestirse y regresar al trabajo.
Buscamos nuestras almas y nos encontramos en cuerpos
que también se escapan: somos peces anclados a su fuga,
nos disolvemos en el humo de la extinción y del placer,
esnifamos nuestras carnes hasta alucinar sus átomos sagrados
para arrojarlos fuera de nosotros.
Alma es el instinto de ser aire que estorba a la rutina de morirnos
y el amor es un ritual de exorcismo a carcajadas.
Expulsados del paraíso, Eva y Adán se miran felices
sin luz de túnel en los ojos.
Aún les restan quince minutos para vestirse y regresar al trabajo.
Cierto que asociamos el alma de esa forma, es un tema que nos lleva por el camino de lo etéreo, principio vital de nuestra existencia, por ello esa separación, el cuerpo es una maquinaria perfecta y los sentidos nos conectan con el entorno, pero es el alma tan definitiva Pedro y tan intocable.
Y bueno, Eva y Adán con libre albedrío, cuentan con esos 15 minutos y los que los antecedieron.
Me gustó tu propuesta Pedro!!!
Un abrazo
Camelia
Buscamos nuestras almas y nos encontramos en cuerpos
que también se escapan: somos peces anclados a su fuga,
nos disolvemos en el humo de la extinción y del placer,
esnifamos nuestras carnes hasta alucinar sus átomos sagrados
para arrojarlos fuera de nosotros.
Alma es el instinto de ser aire que estorba a la rutina de morirnos
y el amor es un ritual de exorcismo a carcajadas.
Expulsados del paraíso, Eva y Adán se miran felices
sin luz de túnel en los ojos.
Aún les restan quince minutos para vestirse y regresar al trabajo.
¡Qué sería de nuestras almas sin nuestros cuerpos! ¿Sabes, compa? Los locos esos de Adán y Eva se me parecieron tanto a Amanda y Manuel (a quienes les cantó un poema Víctor Jara). Pero estos últimos tuvieron que conformarse con cinco minutos en lugar de 15... después de todo sus almas y su paraíso quedaban en Abya-Yala, peor conocida y malnombrada como "América Latina", donde los pueblos tienen que cargar con cien años de soledad sobre sobre sus hombros y "la vida es eterna en cinco minutos", antes de que suene la sirena de vuelta al trabajo.
Te felicito por tu interesante poema, mi compa. Y te comparto (aunque probablemente la conozcas), esa historia, de nuestros particulares Eva y Adán. En voz de Silvio Rodríguez.