¡Atiéndeme, canción...! (Canción italiana)

lesmo

Poeta veterano en el portal

¡Atiéndeme, canción...!

(Canción italiana)

Amanece, señora, el nuevo día
cuando en aqueste valle al fresco viento
me dispongo a cantarte esta canción;
imbuido d’este gran alejamiento,
es mi canto de amor nueva porfía
con la cual se te apresta el corazón.
Escúchala en el son
que es de alegría triste,
pues mi penar consiste
en una cárcel —¡grande maravilla!—,
en que el cerrojo nunca me mancilla,
que esta prisión no encuentro tenebrosa,
y el peso de la hebilla
lo tengo por caricia muy hermosa.

Así es que vivo, así de aherrojado,
así de sometido a gran tormento,
ajeno, pero no de la esperanza,
pues esta pena sirve de contento;
de este penar precioso, enamorado,
me ha dicho claramente la balanza
que igual es rosa y lanza;
y es tan perfecto y vario,
de sí mismo contrario
que gozo el padecer dolor urente;
es esta la verdad de mi presente,
vivir en encontradas condiciones,
sufrir alegremente,
tener siempre encerradas mis pasiones.

Pues tal es, mi señora, lo que pasa,
vivir en la obediencia al gran mandato
que dicta la tremenda lejanía;
que amarte así, señora, es lo sensato
pues la pasión de amarte que me abrasa
es lo feliz que encuentro cada día.
Comprende esta porfía
que te muestro desnudo;
te van con mi saludo,
el primero que envío en la mañana,
después de que en la noche larga y vana
no he sentido del sueño las caricias;
mi amor y una campana
broncínea que escucho cual albricias.

Repiques en los campos me despiertan,
son gratos en sus ritmos y clamores,
haciéndome que piense estos asuntos:
hermanos son la pena y los amores;
si tales sentimientos desconciertan,
la luz del corazón de estos barruntos
dirá si fueran juntos
es cosa natural
sentirlos por igual;
sufrir es, por lo tanto, cosa buena,
por eso este dolor a mí me llena,
por eso el sufrimiento d’este hierro
es la dulce condena
por la que ni me espanto ni me aterro.

Mujer, en este día te saludo,
pues quiero solazarme con tu nombre,
mi boca, con la fuerza de mi voz,
gritarlo quiere ahora –¡no te asombre!–;
si mi verbo de mí te desanudo
que por las ondas sea el más veloz.
Lo que sería atroz
es encontrar dormidos
o sordos tus oídos,
después de que, mi amor, me desgañito,
y el sospechar, acaso, que te irrito.
¡Mas no, que sé no tiene fundamento,
porque si lo medito,
tan solo con decirlo estoy contento!

¡Atiende, mi señora, pues el canto,
que tiene mi saludo comprendido,
que lleva en mil pedazos a mi ser!
Te mando el corazón con mi latido,
que solo es por tu causa y, por lo tanto,
te mando mis maneras de querer.
¡Atiéndeme, mujer,
que con tu entendimiento
sabrás que por el viento
te llega el “buenos días” en mensaje;
y junto a mi saludo emprenden viaje,
pasando por el campo olivarero,
esencias del paisaje
de España con mi amor y mi “te quiero”.

¡Atiéndeme también,
canción, escucha bien,
escucha los sonidos de mis voces,
no te detengas, no, aunque la goces,
no vayas a pararte en este día
y llévale veloces
mis versos, vuela pronto a Andalucía!

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¡Atiéndeme, canción...!

(Canción italiana)

Amanece, señora, el nuevo día
cuando en aqueste valle al fresco viento
me dispongo a cantarte esta canción;
imbuido d’este gran alejamiento,
es mi canto de amor nueva porfía
con la cual se te apresta el corazón.
Escúchala en el son
que es de alegría triste,
pues mi penar consiste
en una cárcel —grande maravilla—,
en que el cerrojo nunca me mancilla,
que esta prisión no encuentro tenebrosa,
y el peso de la hebilla
lo tengo por caricia muy hermosa.

Así es que vivo, así de aherrojado,
así de sometido a gran tormento,
ajeno, pero no de la esperanza,
pues esta pena sirve de contento
de este penar precioso, enamorado,
me ha dicho claramente la balanza
que igual es rosa y lanza;
es tan ambivalente
que gozo el padecer dolor urente;
es esta la verdad de mi presente,
vivir en encontradas condiciones,
sufrir alegremente,
tener siempre encerradas mis pasiones.

Pues tal es, mi señora, lo que pasa,
vivir en la obediencia al gran mandato
que dicta la tremenda lejanía;
que amarte así, señora, es lo sensato
pues la pasión de amarte que me abrasa
es lo feliz que encuentro cada día.
Comprende esta porfía
que te muestro desnudo,
te va con mi saludo,
el primero que envío en la mañana,
después de que en la noche larga y vana
no he sentido del sueño las caricias;
mi amor, y una campana
la escucho, generosa, cual albricias.

Repiques en los campos me despiertan,
son gratos en sus ritmos y clamores,
haciéndome que piense estos asuntos:
hermanos son la pena y los amores;
si tales sentimientos desconciertan
la luz del corazón de estos barruntos
dirá, si estamos juntos,
que es cosa natural
sentirlos por igual;
sufrir es, por lo tanto, cosa buena,
por eso este dolor a mí me llena,
por eso el sufrimiento d’este hierro
es la dulce condena
por la que ni me espanto ni me aterro.

Mujer, en este día te saludo,
pues quiero solazarme con tu nombre,
mi boca, con la fuerza de mi voz,
gritarlo quiere ahora, no te asombre
que si yo mi palabra desanudo
te llegue por las ondas tan veloz.
Lo que sería atroz
es encontrar dormidos
o sordos tus oídos,
después de que, mi amor, me desgañito
tan solo sospechar que yo te irrito;
¡mas no, que sé no tiene fundamento,
porque si lo medito,
tan solo con decirlo estoy contento!

¡Atiende, mi señora, pues el canto,
que tiene mi saludo comprendido,
también lleva pedazos de mi ser!
Te mando el corazón con su latido
que solo es por tu causa y, por lo tanto,
te mando mis maneras de querer.
¡Atiéndeme, mujer,
que con tu entendimiento
sabrás que por el viento
te llega el “buenos días” en mensaje
y junto a mi saludo emprenden viaje,
pasando por el campo olivarero,
esencias del paisaje
de España con mi amor y mi “te quiero”.

¡Atiéndeme también,
canción, escucha bien,
escucha los sonidos de mis voces,
no te detengas, no, aunque la goces,
no vayas a pararte en este día
y llévale veloces
mis besos, sobrevuela Andalucía!

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Buenos días
Una hermosa cancion pones a mi paso esta mañana
Gracias por tus bellas letras
Un saludo
 
Excelencia en esta inspirada canción que nos compartes, amigo Salvador, no dejan de sorprenderme tus bellas inspiraciones.

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¡Atiéndeme, canción...!

(Canción italiana)

Amanece, señora, el nuevo día
cuando en aqueste valle al fresco viento
me dispongo a cantarte esta canción;
imbuido d’este gran alejamiento,
es mi canto de amor nueva porfía
con la cual se te apresta el corazón.
Escúchala en el son
que es de alegría triste,
pues mi penar consiste
en una cárcel —¡grande maravilla!—,
en que el cerrojo nunca me mancilla,
que esta prisión no encuentro tenebrosa,
y el peso de la hebilla
lo tengo por caricia muy hermosa.

Así es que vivo, así de aherrojado,
así de sometido a gran tormento,
ajeno, pero no de la esperanza,
pues esta pena sirve de contento;
de este penar precioso, enamorado,
me ha dicho claramente la balanza
que igual es rosa y lanza;
y es tan perfecto y vario,
de sí mismo contrario
que gozo el padecer dolor urente;
es esta la verdad de mi presente,
vivir en encontradas condiciones,
sufrir alegremente,
tener siempre encerradas mis pasiones.

Pues tal es, mi señora, lo que pasa,
vivir en la obediencia al gran mandato
que dicta la tremenda lejanía;
que amarte así, señora, es lo sensato
pues la pasión de amarte que me abrasa
es lo feliz que encuentro cada día.
Comprende esta porfía
que te muestro desnudo;
te van con mi saludo,
el primero que envío en la mañana,
después de que en la noche larga y vana
no he sentido del sueño las caricias;
mi amor y una campana
broncínea que escucho cual albricias.

Repiques en los campos me despiertan,
son gratos en sus ritmos y clamores,
haciéndome que piense estos asuntos:
hermanos son la pena y los amores;
si tales sentimientos desconciertan,
la luz del corazón de estos barruntos
dirá si fueran juntos
es cosa natural
sentirlos por igual;
sufrir es, por lo tanto, cosa buena,
por eso este dolor a mí me llena,
por eso el sufrimiento d’este hierro
es la dulce condena
por la que ni me espanto ni me aterro.

Mujer, en este día te saludo,
pues quiero solazarme con tu nombre,
mi boca, con la fuerza de mi voz,
gritarlo quiere ahora –¡no te asombre!–;
si mi verbo de mí te desanudo
que por las ondas sea el más veloz.
Lo que sería atroz
es encontrar dormidos
o sordos tus oídos,
después de que, mi amor, me desgañito,
y el sospechar, acaso, que te irrito.
¡Mas no, que sé no tiene fundamento,
porque si lo medito,
tan solo con decirlo estoy contento!

¡Atiende, mi señora, pues el canto,
que tiene mi saludo comprendido,
que lleva en mil pedazos a mi ser!
Te mando el corazón con mi latido,
que solo es por tu causa y, por lo tanto,
te mando mis maneras de querer.
¡Atiéndeme, mujer,
que con tu entendimiento
sabrás que por el viento
te llega el “buenos días” en mensaje;
y junto a mi saludo emprenden viaje,
pasando por el campo olivarero,
esencias del paisaje
de España con mi amor y mi “te quiero”.

¡Atiéndeme también,
canción, escucha bien,
escucha los sonidos de mis voces,
no te detengas, no, aunque la goces,
no vayas a pararte en este día
y llévale veloces
mis versos, vuela pronto a Andalucía!

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Salvador es una hermosísima composición la que nos compartes, me he deleitado con ella, es una romántica epístola al amanecer, me he fascinado ese amor manifiesto como de otros siglos, tan puro…tan entrañable…tan íntimo de poesía, no me queda más que suspirar y felicitarte una vez más con toda mi admiración, el acompañamiento musical es exquisito y ayuda mucho a envolverse en la esencia de tu obra.
Un abrazo con mi estima.
 

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