Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Este es el lugar donde los sueños se quedan dormidos
y los besos se llenan de pimienta y de sal,
donde está enterrado el loco Cupido
y mis cicatrices no quieren sanar.
Este es el lugar más triste del mundo
donde cada verano tiene por sol un fusil
y las nubes tratan de encontrar otro rumbo
para olvidar que una vez viniste a dormir.
Bienvenida a la casa de los sustos
donde está el dormitorio que se echa a morir,
cada vez que me miras, cambia de turno
el amor que hasta ayer vivía por aquí.
Soltando las velas zarpaba el olvido
y recordó que era tarde para escapar del amor,
perdona si un último beso te pido
pero temo que disfruto sentir el dolor.
Hasta los dinosaurios se extinguieron antes de tiempo
y no hubo abrazos de esos que son como lazos
y sientes que te atan al momento.
Tú tenías una oportunidad para ver el mundo
y yo fui el mendigo vagabundo
que aunque lo sueñe, nunca logra ser el rey.
Este es el lugar más triste del mundo
donde descubro que no hay nada para mí,
y que hasta los huesos para los perros
son un manjar para mí.
Y yo fui el mendigo vagabundo
que al creerte mía, te perdí.
y los besos se llenan de pimienta y de sal,
donde está enterrado el loco Cupido
y mis cicatrices no quieren sanar.
Este es el lugar más triste del mundo
donde cada verano tiene por sol un fusil
y las nubes tratan de encontrar otro rumbo
para olvidar que una vez viniste a dormir.
Bienvenida a la casa de los sustos
donde está el dormitorio que se echa a morir,
cada vez que me miras, cambia de turno
el amor que hasta ayer vivía por aquí.
Soltando las velas zarpaba el olvido
y recordó que era tarde para escapar del amor,
perdona si un último beso te pido
pero temo que disfruto sentir el dolor.
Hasta los dinosaurios se extinguieron antes de tiempo
y no hubo abrazos de esos que son como lazos
y sientes que te atan al momento.
Tú tenías una oportunidad para ver el mundo
y yo fui el mendigo vagabundo
que aunque lo sueñe, nunca logra ser el rey.
Este es el lugar más triste del mundo
donde descubro que no hay nada para mí,
y que hasta los huesos para los perros
son un manjar para mí.
Y yo fui el mendigo vagabundo
que al creerte mía, te perdí.