Golem
no ser
-Esto es ridículo-, se dijo
y prendió el primer cigarrillo de la mañana,
la calle era gris, la mesa del café era gris, la corbata de seda
tenía pequeños puntos grises.
Las hojas de los árboles ya estaban muy grises,
pero también el cielo y los autos,
y las palomas eran grises y el humo del cigarro pesado
y gris plomo se hacía una cortina espesa en el aire
tibio.
Sobre la mesa una carpeta de folios, sobre la carpeta de
folios un paquete de cigarros Overstolzenhaus, junto al paquete
un encendedor zippo grabado con un te quiero 2018 donde
un trébol de cuatro hojas mostraba un verde esmaltado triunfal
y solitario entre tanto dorado.
Miro esa brea densa que es el café espresso: que ilumina el
cerebro y abre las arterias coronarias,
y girando sobre su centro
de espuma cremosa, una galaxia perfecta que duraría,
como mucho, unos escasos cuarenta y cinco segundos.
Sintió pena por todos esos
mundos habitados del café,
quizás entre ellos viviera un minotauro.
Metió su mano derecha en el bolsillo interior izquierdo de su
saco de tweed, que era también de un gris ratón, para buscar su
Bolígrafo Montblanc Meisterstuck y se dispuso a escribir con
su bella letra caligráfica en un papel carta para notas.
“Amada Alicia; perdóname, pero me iré de este lugar antes de que llegues.
Te amo, siempre te he amado, pero lo nuestro es imposible.
Es mejor así. Hasta nunca mi amor.”
Colocó la pequeña nota en un sobre verde pálido y lo selló cuidadosamente,
luego llamó al Bedienung del lugar.
-Pobre viejo-, se dijo el joven Adal Weber;
hace tres años que deja estas notas todos los jueves,
acompañadas de una suculenta propina, pero
la tal Alicia nunca llega.
Ya el dueño del lugar dio la orden
de devolverlas a todas nuevamente el próximo jueves
o tirarlas a la basura si es necesario;
si la destinataria sigue sin presentarse al lugar.
-Esto es ridículo-, pensó el hombre,
-mi vida es ridícula...
desde hace tres años y quince días. -
-Soy un inmenso cobarde-, y recordó la navaja dorko
de afeitar con mango de ébano guardada
detrás del espejo del baño que hace meses
dejó de usar.
La ciudad de Bremen es radiante por el mes de mayo,
la gente bajo el sol se muestra colorida y alegre,
cada árbol es un fuego verde y alto de primavera.
Pero el hombre gris, con su pequeña alma gris y
ridícula
de viudo
se pierde entre el tráfico de las calles
en su vehículo
Audi nuevo,
pero sin color reconocible.
-Golem-
mayo de 2021.
y prendió el primer cigarrillo de la mañana,
la calle era gris, la mesa del café era gris, la corbata de seda
tenía pequeños puntos grises.
Las hojas de los árboles ya estaban muy grises,
pero también el cielo y los autos,
y las palomas eran grises y el humo del cigarro pesado
y gris plomo se hacía una cortina espesa en el aire
tibio.
Sobre la mesa una carpeta de folios, sobre la carpeta de
folios un paquete de cigarros Overstolzenhaus, junto al paquete
un encendedor zippo grabado con un te quiero 2018 donde
un trébol de cuatro hojas mostraba un verde esmaltado triunfal
y solitario entre tanto dorado.
Miro esa brea densa que es el café espresso: que ilumina el
cerebro y abre las arterias coronarias,
y girando sobre su centro
de espuma cremosa, una galaxia perfecta que duraría,
como mucho, unos escasos cuarenta y cinco segundos.
Sintió pena por todos esos
mundos habitados del café,
quizás entre ellos viviera un minotauro.
Metió su mano derecha en el bolsillo interior izquierdo de su
saco de tweed, que era también de un gris ratón, para buscar su
Bolígrafo Montblanc Meisterstuck y se dispuso a escribir con
su bella letra caligráfica en un papel carta para notas.
“Amada Alicia; perdóname, pero me iré de este lugar antes de que llegues.
Te amo, siempre te he amado, pero lo nuestro es imposible.
Es mejor así. Hasta nunca mi amor.”
Colocó la pequeña nota en un sobre verde pálido y lo selló cuidadosamente,
luego llamó al Bedienung del lugar.
-Pobre viejo-, se dijo el joven Adal Weber;
hace tres años que deja estas notas todos los jueves,
acompañadas de una suculenta propina, pero
la tal Alicia nunca llega.
Ya el dueño del lugar dio la orden
de devolverlas a todas nuevamente el próximo jueves
o tirarlas a la basura si es necesario;
si la destinataria sigue sin presentarse al lugar.
-Esto es ridículo-, pensó el hombre,
-mi vida es ridícula...
desde hace tres años y quince días. -
-Soy un inmenso cobarde-, y recordó la navaja dorko
de afeitar con mango de ébano guardada
detrás del espejo del baño que hace meses
dejó de usar.
La ciudad de Bremen es radiante por el mes de mayo,
la gente bajo el sol se muestra colorida y alegre,
cada árbol es un fuego verde y alto de primavera.
Pero el hombre gris, con su pequeña alma gris y
ridícula
de viudo
se pierde entre el tráfico de las calles
en su vehículo
Audi nuevo,
pero sin color reconocible.
-Golem-
mayo de 2021.
Última edición: