… y los cangrejos que tientan, masticando los colores, andando hacia atrás…
y el querer expansivo, y el atardecer de la llamada del bosque…
y esos dividendos de las tuercas por las orejas,
y las historias emotivas que fluyen por nuestros tactos…
y las retentivas de la llovizna por esas calles melodiosas, por esas calles de tregua…
o acaso entre esos ajedrecistas granujas y sin sangre,
con esas altas torres que miran a la bahía,
y con ese amor que se eleva como el humo del gran cigarro,
por esas nubes amarillas de caballos…