Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Eternidad hecha de pequeños instantes
que siempre se recuerdan,
no devora la noche y sus encajes
y el lugar donde se acaba;
aliada de lo efímero, descubre
en el amor la costurera
que cose las hojas de la historia
que cobran realidad cuando se miran,
se tocan, como ese cuerpo
abierto y sin complejos,
en toda madrugada que penetra el aire.
Yo sé que ese instante en que rocé tu boca
hizo de un segundo, todo un siglo sin anclajes,
con centenar de nudos intrincados
que impedían que la piel cayera al suelo,
se desprendiera de los huesos,
dejara de abrazar con insistencia
realidad en verde de cuerdas de guitarra
donde todo era posible e inevitable.
La eternidad que ahora toca
sus razones de existencia múltiple
siente insuficiente sus extremos,
crea un duplicado de las llaves
que impida, por descuido o apatía,
algo se cierre.
Tu boca despojando incertidumbres de la mía
da respuesta a las preguntas de ese tiempo inútil
en que aún éramos uno.