AhabWerther
Poeta recién llegado
Historia de un fin de semana.
El viento que viene del norte
azota, violento, mi rostro cansado.
Se opone a mis pasos y murmura
con mil voces en lenguas que no entiendo.
Por más que la distancia se acorte,
permanece ídem el sendero andado;
entre las nubes, escondida, una luz pálida y pura
testigo será de lo que voy perdiendo.
Húmeda tierra; olor a pasto; el clamor
de lo inmortal exige pronta mi presencia.
Tropiezo ante el temor, ante la duda, ante los dejos
amargos de una frívola existencia.
Me olvido un poco del rencor;
el cielo, con un grito, me exige reverencia.
¡No me dejaré arrastrar por los espejos,
cuyas promesas falsas comprometieron mi demencia!
Cada vez más cerca, puedo oírlo claramente,
¡Es el rugir atronador de un mar embravecido!
¡Revientan las olas furiosas
contra las indiferentes rocas!
El viento sopla, permanezco indiferente,
pues la luna sabrá que habré vencido.
Los ecos del pasado en mi memoria
palpitan intensos, se saben perdidos.
Caigo hincado sobre el pasto, que de verde
tiñe la afilada roca que da orígen al peñasco.
A un costado del barranco se desbordará la ría,
como al llegar a su final, se confunden los caminos.
Cierro los ojos, dormito, perezco,
la lluvia limpiará lo que de mí quede.
Quisiera tener de las olas el valor,
lazarme sin miedo, romperme en millar.
El mar que me invita a aliviar mi dolor,
y yo que decido volverlo a intentar.