Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Siempre fuiste mi quizás, mi posiblemente,
yo tu libro sin leer, tu río a contracorriente,
tú mi nunca tuve tiempo, mi nadie entiende,
yo tu minutero sin reloj, un cereal sin leche.
Todo tiene un antes y un después,
nosotros vivimos sólo el antes, lo sé,
todo tiene un amanecer y un mediodía,
pero cuando toca anochecer, nunca hay salida.
Todos tienen un mapa con una ciudad prohibida,
un detalle, una salida al mar, una medida,
nuestros besos no tuvieron nunca un huracán
y en mitad de un "¿dónde estás?" perdieron la vida.
Qué remedio para esos amores que son
mitad tristeza y mitad semblanza,
no todos tienen una pizca de emoción
ni dos gramos de amor en la balanza.
Todo tiene un corazón, y un motor que luche,
un cuadrilátero dispuesto para pelear
por los ángeles muertos en el disfrute
de no saber a dónde vas...
Una mitad partida en siete partes, un bien y un mal,
un monumento a los héroes que no estuvieron
y que son mártires de tus besos
que en vez de azúcar saben a sal.
Una limosna con dos manos de limonero,
tú tan prudente y yo tan natural,
un orgasmo en plena cuesta de enero
y un infinito que cuando quieres, tiene final.
yo tu libro sin leer, tu río a contracorriente,
tú mi nunca tuve tiempo, mi nadie entiende,
yo tu minutero sin reloj, un cereal sin leche.
Todo tiene un antes y un después,
nosotros vivimos sólo el antes, lo sé,
todo tiene un amanecer y un mediodía,
pero cuando toca anochecer, nunca hay salida.
Todos tienen un mapa con una ciudad prohibida,
un detalle, una salida al mar, una medida,
nuestros besos no tuvieron nunca un huracán
y en mitad de un "¿dónde estás?" perdieron la vida.
Qué remedio para esos amores que son
mitad tristeza y mitad semblanza,
no todos tienen una pizca de emoción
ni dos gramos de amor en la balanza.
Todo tiene un corazón, y un motor que luche,
un cuadrilátero dispuesto para pelear
por los ángeles muertos en el disfrute
de no saber a dónde vas...
Una mitad partida en siete partes, un bien y un mal,
un monumento a los héroes que no estuvieron
y que son mártires de tus besos
que en vez de azúcar saben a sal.
Una limosna con dos manos de limonero,
tú tan prudente y yo tan natural,
un orgasmo en plena cuesta de enero
y un infinito que cuando quieres, tiene final.