acontista1967
Poeta recién llegado
TERCETO DE LA AUSENCIA
I
Del lado en que estás ausente cae escarcha. . .cae,
cae una lluvia helada de este lado.
¡Ah mi costado vacante de tu hornillo acalorado!
¡Ah dolor de mi costado donde el agua se distrae.
Hórrido, cejijunto, piloerecto y alelado,
heme de filo a este día que de oscuro se contrae.
Sé aguardarte codipuesto entre esta lluvia que cae
y decirte que te quiero dándote lo que te he dado.
Búscame en la blanca esquina de mi penumbra sin luna:
doce sortilegios húmedos tendré a la hora de verte,
con un pañuelito blanco me sacudirás la bruma
al verme bajo este cielo sin dolerme de mi suerte. . .
Sigue entre tanto la lluvia mojándome mis adentros,
a la hora en que regreses será cosa de otros tiempos.
II
Atisbé por una hendija la estatura de las horas:
luneció. Rígida claridad en que no pasas
¿De qué espléndido hemisferio resurgirán tus brasas?
¿Dónde instalar el reloj que matará tus demoras?
¿Dónde poner el tic-tac de este colorado pecho
que tirita y se desangra sobre la arena del tiempo?
Me deshago por instantes, y rehago lo que siento
con ese polvo vital que queda de mi desecho.
Anochece al fin y al cabo, otro poco de sosiego
y emigraran afligidos minuteros putrefactos,
para que tal vez mañana volvamos a nuestros actos,
dulce llavera de mi alma, mi otorgadora de fuego,
aguardarte hasta que vuelvas es uno de nuestros pactos. . .
Yo te aguardo. . .yo te aguardo, hasta luego.
III
Al cabo he de tornar ubérrimo, ululando,
sin la nítida oscuridad que nos distancia,
donde estoy como cíclope acechando
la auricular tibieza de tu estancia.
Mi ojo es a la vez un vértice y un prisma
donde converges tú, un lloro y mi mutismo,
mi alma a luz y nada es un sofisma,
cual este corporal, terráqueo abismo.
Y sin embargo me consuelo viendo
tus destellos de luz en diferido
y a la vez que humedezco voy sonriendo
por este albergue estrecho al que he venido
en vano, previendo la tristeza, aun sabiendo,
que en mi fosa cardíaca, haría melancolía su nido.
I
Del lado en que estás ausente cae escarcha. . .cae,
cae una lluvia helada de este lado.
¡Ah mi costado vacante de tu hornillo acalorado!
¡Ah dolor de mi costado donde el agua se distrae.
Hórrido, cejijunto, piloerecto y alelado,
heme de filo a este día que de oscuro se contrae.
Sé aguardarte codipuesto entre esta lluvia que cae
y decirte que te quiero dándote lo que te he dado.
Búscame en la blanca esquina de mi penumbra sin luna:
doce sortilegios húmedos tendré a la hora de verte,
con un pañuelito blanco me sacudirás la bruma
al verme bajo este cielo sin dolerme de mi suerte. . .
Sigue entre tanto la lluvia mojándome mis adentros,
a la hora en que regreses será cosa de otros tiempos.
II
Atisbé por una hendija la estatura de las horas:
luneció. Rígida claridad en que no pasas
¿De qué espléndido hemisferio resurgirán tus brasas?
¿Dónde instalar el reloj que matará tus demoras?
¿Dónde poner el tic-tac de este colorado pecho
que tirita y se desangra sobre la arena del tiempo?
Me deshago por instantes, y rehago lo que siento
con ese polvo vital que queda de mi desecho.
Anochece al fin y al cabo, otro poco de sosiego
y emigraran afligidos minuteros putrefactos,
para que tal vez mañana volvamos a nuestros actos,
dulce llavera de mi alma, mi otorgadora de fuego,
aguardarte hasta que vuelvas es uno de nuestros pactos. . .
Yo te aguardo. . .yo te aguardo, hasta luego.
III
Al cabo he de tornar ubérrimo, ululando,
sin la nítida oscuridad que nos distancia,
donde estoy como cíclope acechando
la auricular tibieza de tu estancia.
Mi ojo es a la vez un vértice y un prisma
donde converges tú, un lloro y mi mutismo,
mi alma a luz y nada es un sofisma,
cual este corporal, terráqueo abismo.
Y sin embargo me consuelo viendo
tus destellos de luz en diferido
y a la vez que humedezco voy sonriendo
por este albergue estrecho al que he venido
en vano, previendo la tristeza, aun sabiendo,
que en mi fosa cardíaca, haría melancolía su nido.