Anaa
Poeta asiduo al portal
Recuerdo tu sombra alejándose de mí,
sin palpitaciones que rozaran la brisa
me sentía caer, sin poder sujetar la vida,
como una lágrima rodando aturdida.
El mundo se hizo pequeño y desolador,
no había lugar para esconder mi tristeza
vagaba por los recuerdos sin consuelo,
con el alma agitada entre la maleza.
Recuerdo, como me lloraba el llanto,
como me arrancaba a trozos los sueños
nuestro amor había cambiado de dueño,
alejándose para siempre de mí aliento.
Todos los días moría dentro de mi memoria,
renaciendo de nuevo en el mismo vacío
la esperanza se apagó dejándome ciega,
besando los huecos que olían a tu cuerpo.
Recuerdo cómo dolía aquella soledad,
cómo quemaban mis ojos aquel eclipse
eras el único universo que respiraba,
debí arrancarme la piel para no sentirte.
La vida se me hacía extrañamente ajena,
¿Por que albergaba tanto dolor mi destino?
los minutos eran eternos infiernos,
exaltando nuestros momentos más tiernos.
Pero el viento compasivo arrasó con el duelo,
y en cada venida me traía olores nuevos
volvía a percibir la calma del silencio,
sentía de nuevo el palpitar vivo de mi cuerpo.
sin palpitaciones que rozaran la brisa
me sentía caer, sin poder sujetar la vida,
como una lágrima rodando aturdida.
El mundo se hizo pequeño y desolador,
no había lugar para esconder mi tristeza
vagaba por los recuerdos sin consuelo,
con el alma agitada entre la maleza.
Recuerdo, como me lloraba el llanto,
como me arrancaba a trozos los sueños
nuestro amor había cambiado de dueño,
alejándose para siempre de mí aliento.
Todos los días moría dentro de mi memoria,
renaciendo de nuevo en el mismo vacío
la esperanza se apagó dejándome ciega,
besando los huecos que olían a tu cuerpo.
Recuerdo cómo dolía aquella soledad,
cómo quemaban mis ojos aquel eclipse
eras el único universo que respiraba,
debí arrancarme la piel para no sentirte.
La vida se me hacía extrañamente ajena,
¿Por que albergaba tanto dolor mi destino?
los minutos eran eternos infiernos,
exaltando nuestros momentos más tiernos.
Pero el viento compasivo arrasó con el duelo,
y en cada venida me traía olores nuevos
volvía a percibir la calma del silencio,
sentía de nuevo el palpitar vivo de mi cuerpo.