¡ Vida !

Alexander Careoga

Sublime Sendero Azul
Somos a través del camino que se interpone como alusión fantasmagórica.

La avalancha del intrépido cortometraje de la vida, va rodando una y otra vez.

Se gasta el tenue color de ojos y nos vuelca a la ceguedad de los instintos vitales y predilectos.

Vislumbramos un fin inmaculado de esos de película, y ahogados en deudas y crisis nerviosas, explotamos a la voz de la bota rescabrajada.

Se funda el alma con la calle, con el trafico, con el albor infartal del calor y de la pesadumbre.

Los números en retroceso para el gran viaje, despedazan la fabulosa construcción del gran templo.

La mano no se priva ya de bailar, de divagar, de encontrar la libertad en cada milimétrica mancha de tinta y de explorar el laberinto sin fin, de las geometrías impresas. De ser con cada palabra y en cada entonación de ellas.

La historia nos remonta a la mentira, el deber de vivir superó el gusto en su esencia, en su plácida pureza en su más vasto reino de grandeza.

La ciencia, la fe y la supuesta inteligencia, no arañan para nada el arte del sol y la naturaleza. Somos despojados al reino de lo infinito, a la mente de los mil laberintos, al mundo del imperio de la libertad.

En silencio, calmados e inmaculados, no arrullamos con la vida y en la mejestuosidad de su ser.

 
Somos a través del camino que se interpone como alusión fantasmagórica.

La avalancha del intrépido cortometraje de la vida, va rodando una y otra vez.

Se gasta el tenue color de ojos y nos vuelca a la ceguedad de los instintos vitales y predilectos.

Vislumbramos un fin inmaculado de esos de película, y ahogados en deudas y crisis nerviosas, explotamos a la voz de la bota rescabrajada.

Se funda el alma con la calle, con el trafico, con el albor infartal del calor y de la pesadumbre.

Los números en retroceso para el gran viaje, despedazan la fabulosa construcción del gran templo.

La mano no se priva ya de bailar, de divagar, de encontrar la libertad en cada milimétrica mancha de tinta y de explorar el laberinto sin fin, de las geometrías impresas. De ser con cada palabra y en cada entonación de ellas.

La historia nos remonta a la mentira, el deber de vivir superó el gusto en su esencia, en su plácida pureza en su más vasto reino de grandeza.

La ciencia, la fe y la supuesta inteligencia, no arañan para nada el arte del sol y la naturaleza. Somos despojados al reino de lo infinito, a la mente de los mil laberintos, al mundo del imperio de la libertad.

En silencio, calmados e inmaculados, no arrullamos con la vida y en la mejestuosidad de su ser.

Expresiva obra que cabalga como estableciendo ese doble sentido para calmar al silencio. razon o fe. bellissima obra. saludos
amables de luzyabsenta
 

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