Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Si ayer te extrañaba,
hoy el recuerdo de tu cuerpo
me consuela con un suspiro.
Susurra un aria cargada
con el rubor de tus mejillas,
ansiosas del tibio toque
de mi corazón enclaustrado
que no renuncia ni claudica,
ante el miedo de que nunca
regreses plena a mis brazos.
¡Pero nada!
Navego a barlovento,
a merced de los caprichos
de unos besos tan añejos,
que invariablemente dejan
el amargo y triste dejo,
de mis tiempos más felices.
¿Y sí regresas... Verdad?
Que no sé cómo olvidarte.
Que no sé cómo reinstaurar
la cordura en mi alma
y el empeño por vivir.
Que no sé como perdurar
en aguas de tanta soledad.
Que no sé siquiera como
pueda yo volver a amar.
hoy el recuerdo de tu cuerpo
me consuela con un suspiro.
Susurra un aria cargada
con el rubor de tus mejillas,
ansiosas del tibio toque
de mi corazón enclaustrado
que no renuncia ni claudica,
ante el miedo de que nunca
regreses plena a mis brazos.
¡Pero nada!
Navego a barlovento,
a merced de los caprichos
de unos besos tan añejos,
que invariablemente dejan
el amargo y triste dejo,
de mis tiempos más felices.
¿Y sí regresas... Verdad?
Que no sé cómo olvidarte.
Que no sé cómo reinstaurar
la cordura en mi alma
y el empeño por vivir.
Que no sé como perdurar
en aguas de tanta soledad.
Que no sé siquiera como
pueda yo volver a amar.
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