claudiorbatisti
claudiorbatisti
Por la dulce vereda de tus sueños
regresé de una noche prodigiosa
y no pude pensar ya en otra cosa
que no fuera en tus ojos abrileños.
Son dos bellos luceros, son mis dueños
de mi vida romántica y dichosa
y hasta el rojo encendido de la rosa
se rinde a tus encantos madrileños.
Ni el palacio de Liria con su lujo,
ni el nostálgico brillo de un lucero,
lograron nunca en mí tamaño influjo
Ojos color de miel, luz de un te quiero,
que al mirarlos me hechizan con su embrujo
y, cuando no los veo, de amor muero.
Claudio Batisti
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