Nat Guttlein
さん
Las coincidencias.
Esas redes del destino,
que se entre tejen a pesar del absurdo.
Como la coincidencia,
de que mi amor se encuentre anclado,
a ese pasado que sigue siendo presente.
Porque así lo quiere alguien,
la vida o yo misma o el azar.
Sigo jugando y participando,
en ésto de existir.
Aunque siempre me toque esperar en el banco.
Estoy acá y ahora,
como todas las noches y leyendo lo que siempre leo.
Pero el corazón me palpita no por lo que me muestran los textos.
Sino por la marca que mi amor dejó,
en el alma que sigue resonando en mi pecho.
El tiempo pasa y se transforma,
las personas que amé cambiaron y se modificaron.
Evolucionaron.
Pero la huella que ella ha dejado en mis memorias,
se vuelven esos petalos de rosa secos,
que guardo entre las páginas de mi libro favorito.
No mueren.
Se destiñen y agrietan,
pero continúan ahí.
Saco a relucir su sonrisa,
la calidez de sus manos y el perfume de su cabello.
Me arrepiento y me aislo de esos pensamientos.
Porque aunque me suicido ante cada recuerdo,
me vuelvo mártir en tus delgados brazos.
No vas a volver a verme,
y yo quizás nunca me atreva a correr a ti.
Pero así son las coincidencias.
Las encuentro con tu nombre,
aún sin buscar nada.
Esas redes del destino,
que se entre tejen a pesar del absurdo.
Como la coincidencia,
de que mi amor se encuentre anclado,
a ese pasado que sigue siendo presente.
Porque así lo quiere alguien,
la vida o yo misma o el azar.
Sigo jugando y participando,
en ésto de existir.
Aunque siempre me toque esperar en el banco.
Estoy acá y ahora,
como todas las noches y leyendo lo que siempre leo.
Pero el corazón me palpita no por lo que me muestran los textos.
Sino por la marca que mi amor dejó,
en el alma que sigue resonando en mi pecho.
El tiempo pasa y se transforma,
las personas que amé cambiaron y se modificaron.
Evolucionaron.
Pero la huella que ella ha dejado en mis memorias,
se vuelven esos petalos de rosa secos,
que guardo entre las páginas de mi libro favorito.
No mueren.
Se destiñen y agrietan,
pero continúan ahí.
Saco a relucir su sonrisa,
la calidez de sus manos y el perfume de su cabello.
Me arrepiento y me aislo de esos pensamientos.
Porque aunque me suicido ante cada recuerdo,
me vuelvo mártir en tus delgados brazos.
No vas a volver a verme,
y yo quizás nunca me atreva a correr a ti.
Pero así son las coincidencias.
Las encuentro con tu nombre,
aún sin buscar nada.