Sergio D'Baires
Exp..
Al principio las ventanas en el techo; donde el niño sueña su futuro y hace rondas misteriosas.
Pero se hace adolescente; y se estira hacia donde el hombre mira sus presentes: las ventanas de los muros.
La ley de gravedad de las ventanas, inexorable como la muerte, nos achica el horizonte.
Los adultos las acercan a la tierra; porque les otorga perpectiva; y la ciegan con visillos.
Para el viejo las ventanas son espejos que están situados a sus espaldas para observar el pasado.
Finalmente son las lápidas de mármol donde ven lo que jamás hemos sido; bajo palabras amables.
Pero se hace adolescente; y se estira hacia donde el hombre mira sus presentes: las ventanas de los muros.
La ley de gravedad de las ventanas, inexorable como la muerte, nos achica el horizonte.
Los adultos las acercan a la tierra; porque les otorga perpectiva; y la ciegan con visillos.
Para el viejo las ventanas son espejos que están situados a sus espaldas para observar el pasado.
Finalmente son las lápidas de mármol donde ven lo que jamás hemos sido; bajo palabras amables.