Y tu forma loca de amarme, me detiene en el tiempo y el espacio. Tú criatura inverosímil e impredecible, subyugas mi alma sedienta de amor. Cómo no ser cómplice de tu locura, si ya perdí la razón al conocerte. Cómo no compartir esos juegos del amor como parapetados al filo del abismo. La sonrisa fresca y contagiosa, como ironizando nuestro sentir y destino. Ah!... hermosa locura tormentosa y seductora a la vez. Ahí, disparándonos besos de amor, sin ni siquiera pensar en las consecuencias de un futuro dolor o decepción. “Carpe diem”, dijo un poeta no menos enamorado de la vida, como lo estamos nosotros. Mientras nuestros cuerpos se entregan al ardor de una pasión desmedida y exagerada. Sí, no hay que mentir, somos perversos y pecadores al amar. Nuestros corazones sin Dios, se entregan sin medida ni traición, al loco amor, sin pensar en el paraíso.