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Debajo de los puentes (canciones a la reina)

MarcosR

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Debajo de los puentes

te escribo mi silencio.

Lo escribo

y lo describo,

por más que nadie pare

y me levante,

y yo otra vez me quede

señalando algún viento

en el desierto.

Desencontrado y torpe.

Apelando memorias.

Desempolvando cantos.

Somos mapas distintos.

Ya es hora de otro exilio.

Otra vez la templanza

de ser un forastero.

Un peregrino atento.

Ayer la mar fue piel

de un desencuentro proclamado

desde las azoteas.

Desde aquel fino vértice

donde duermen los versos,

que alguna vez,

por ausente quizás,

me olvidé de cantarte.

Niña del Plata.

Tus endebles alientos.

Tu verde manantial de despedidas.

La fibra de tu luz

donde deja mi vejez

entristecida

las espinas de sangre

por dejarte marchar,

por dejarme partir,

por dejarnos atrás.

Habrá una cicatriz

con tu misma textura,

en el mástil del barco

que naufragamos juntos.

Porque de eso se trata.

No podemos herirnos,

dama ilustre del salto.

Nos dejaron sin huella

las llagas del hallazgo.

Inevitable fue zarpar en la emboscada.

Más el viento no espera

que salgamos del paso.

Después el precipicio comerá las ciudades.

No me hallarán vencido,

ni los buitres escorias,

ni las damas en falso.

Ni la muerte en su estepa

podrá con el profeta

que busca una palabra,

que busca en este limbo

cumplir con la promesa.

Porque de eso se trata.

Ya hubo un tiempo.

Ya no nos conocimos.

Ya no nos recordamos.

Ya no nos convencimos.

¡Pero todo es ahora!

¿Cómo explicarte?

¿Cómo entenderme?

Si luchar por ser libre hoy,

es dejarte marchar,

es dejarme partir,

es dejarnos atrás.



Debajo de los puentes

te escribo mi silencio.

Lo escribo y lo describo.

Por más que nadie pare

y me levante.

Y yo otra vez me quede

señalando al oriente,

la paz de los desiertos,

acechantes.

 
Debajo de los puentes

te escribo mi silencio.

Lo escribo

y lo describo,

por más que nadie pare

y me levante,

y yo otra vez me quede

señalando algún viento

en el desierto.

Desencontrado y torpe.

Apelando memorias.

Desempolvando cantos.

Somos mapas distintos.

Ya es hora de otro exilio.

Otra vez la templanza

de ser un forastero.

Un peregrino atento.

Ayer la mar fue piel

de un desencuentro proclamado

desde las azoteas.

Desde aquel fino vértice

donde duermen los versos,

que alguna vez,

por ausente quizás,

me olvidé de cantarte.

Niña del Plata.

Tus endebles alientos.

Tu verde manantial de despedidas.

La fibra de tu luz

donde deja mi vejez

entristecida

las espinas de sangre

por dejarte marchar,

por dejarme partir,

por dejarnos atrás.

Habrá una cicatriz

con tu misma textura,

en el mástil del barco

que naufragamos juntos.

Porque de eso se trata.

No podemos herirnos,

dama ilustre del salto.

Nos dejaron sin huella

las llagas del hallazgo.

Inevitable fue zarpar en la emboscada.

Más el viento no espera

que salgamos del paso.

Después el precipicio comerá las ciudades.

No me hallarán vencido,

ni los buitres escorias,

ni las damas en falso.

Ni la muerte en su estepa

podrá con el profeta

que busca una palabra,

que busca en este limbo

cumplir con la promesa.

Porque de eso se trata.

Ya hubo un tiempo.

Ya no nos conocimos.

Ya no nos recordamos.

Ya no nos convencimos.

¡Pero todo es ahora!

¿Cómo explicarte?

¿Cómo entenderme?

Si luchar por ser libre hoy,

es dejarte marchar,

es dejarme partir,

es dejarnos atrás.



Debajo de los puentes

te escribo mi silencio.

Lo escribo y lo describo.

Por más que nadie pare

y me levante.

Y yo otra vez me quede

señalando al oriente,

la paz de los desiertos,

acechantes.
La soledad y el exilio.
El silencio y los recuerdos siempre han sido símbolos de la experiencia humana.

Saludos
 
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