Y porque podía sumergirme aún más en los crucigramas,
y porque la oración desde las copas de los árboles,
y la llamada de la bahía constelada…
por los ferrocarriles de papel,
que surcaron entre las golondrinas y las voces azuladas…
porque llegan livianos e ideales, pequeños recuerdos;
porque entran los cirros por las ventanas,
y porque las rosas de Lisboa, flotan en el aire.