Soledad la señala.
La sabe triunfadora.
En la hora en que
evoco su nombre
de heroína rebelde,
por los campos nevados
de sus recios paisajes,
moribundos.
En la hora que pienso
darle mi LIBERTAD,
para cuando le falten alas
que le dejen soñar
con encontrarse,
tenga un empujón de paz,
una caricia.
Soledad la señala.
Sabe de su nobleza.
Conoce su linaje.
Se queda escondida,
espiando los versos de violetas,
que me saltan de los dedos
cuando la veo
por los espejos de la melancolía.
Soledad la señala.
Sabe de su marca en mi piel,
de su risa en mi alma,
de su ternura,
bienamada,
de su ternura.
Sabe de mi casa abandonada,
de la fachada gris
de mi antigua tristeza.
Soledad la señala.
Se queda por ahí,
indignada,
preguntando por mí.
La sabe consejera.
Madre de los abrazos
que curan corazones
y los hacen latir.
Soledad se separa,
finge bajar los brazos.
Ya sabe su sentencia.
Sus armas de violetas.
Soledad se resiste.
Soledad se retira.
La sabe compañera de mis pasos.
La sabe triunfadora.
En la hora en que
evoco su nombre
de heroína rebelde,
por los campos nevados
de sus recios paisajes,
moribundos.
En la hora que pienso
darle mi LIBERTAD,
para cuando le falten alas
que le dejen soñar
con encontrarse,
tenga un empujón de paz,
una caricia.
Soledad la señala.
Sabe de su nobleza.
Conoce su linaje.
Se queda escondida,
espiando los versos de violetas,
que me saltan de los dedos
cuando la veo
por los espejos de la melancolía.
Soledad la señala.
Sabe de su marca en mi piel,
de su risa en mi alma,
de su ternura,
bienamada,
de su ternura.
Sabe de mi casa abandonada,
de la fachada gris
de mi antigua tristeza.
Soledad la señala.
Se queda por ahí,
indignada,
preguntando por mí.
La sabe consejera.
Madre de los abrazos
que curan corazones
y los hacen latir.
Soledad se separa,
finge bajar los brazos.
Ya sabe su sentencia.
Sus armas de violetas.
Soledad se resiste.
Soledad se retira.
La sabe compañera de mis pasos.
Última edición: