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Finisterre.

molloy

Poeta fiel al portal
Aquí no queda mundo
ni pueblo en el que nacer,
solo una casa de papel
con gatos a buen recaudo
que fuerzan la miniatura de mi corazonada.

Veo la verdad
del vino en tus pensamientos
pero no puedo nombrarla,
por sus tribulaciones sé
que viaja ligera
y duerme con perros de paja.

Al acecho del ciervo
la sierpe se convierte en runa
rifando el cielo.

Bífido poder de la ambigüedad
que glosa toda constelación exquisita,
guareciéndose en las telarañas
de la sonora oscuridad,
salaz caparazón del beso.

El árbol del trance
abre la lenta puerta
de la percepción,
sin otra llave
ni acervo
que la propia sangre
engarzada a la lujuria Jupiterina
del oropel.

Oficio de la lumbre,

ahuecando la raíz equidistante del azar
como sombra heráldica del corazón.


 
Última edición:
Aquí no queda mundo
ni pueblo en el que nacer,
solo una casa de papel
con gatos a buen recaudo
que fuerzan la miniatura de mi corazonada.

Veo la verdad
del vino en tus pensamientos
pero no puedo nombrarla,
por sus tribulaciones sé
que viaja ligera
y duerme con perros de paja.

Al acecho del ciervo
la sierpe se convierte en runa
rifando el cielo.

Bífido poder de la ambigüedad
que glosa toda constelación exquisita,
guareciéndose en las telarañas
de la sonora oscuridad,
salaz caparazón del beso.

El árbol del trance
abre la lenta puerta
de la percepción,
sin otra llave
ni acervo
que la propia sangre
engarzada a la lujuria Jupiterina
del oropel.

Oficio de la lumbre,

ahuecando la raíz equidistante del azar
como sombra heráldica del corazón.


Esencias perdidas que se van como aproximando a un final. no queda
nada en ese viejo sentido cuando el tiempo se sucede. me ha gustado
mucho la atemporalidad del poema. saludos amables de luzyabsenta
 

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