Racionalización de la alegría

eledendo

Poeta asiduo al portal




... doblega, somete y acostumbra la tristeza pura o dolor de alma, el crudo sufrimiento,

pues viene y llama la alegría y la estoy recibiendo con los labios temblando,

como si de pronto el cuerpo extrañara, como si en costumbre ominosa

hubiese obviado para siempre la irrupción de bellas cosas o sucesos hermosos;

... es, así, que la alegría casi duele,

ya que con furia se aprieta contra la piel del pecho para hacerse sentir,

para ser reconocida y asumida, y, de esta forma, lograr sentirme y pronunciarse;

... y son, son tan pocas las gotas de rocío vivo

que van apareciendo en el adil, en la aridez del ardinal que soy,

que las cojo y pongo por las grietas del ser cuidadosamente,

no para que crezcan, no, sino para que no mueran;

… miro en mí, y, en definitiva,

todo parece revertir a ese instante en que me quedo quieto, muy quieto y escuchándome,

como si el leve resplandor que tengo estuviera en peligro, y, con rapidez,

contra un mar taimado de oscuridad inaudita,

tuviera que ordenar las fuerzas para creerlo en mí, para enseguida,

- frente al terror o espanto que truena por la sangre -

amarlo hasta el suplicio frente al mundo y defenderlo.

***

Antonio Justel Rodríguez

https://www.oriondepanthoseas.com
***


 
... doblega, somete y acostumbra la tristeza o dolor de alma, el crudo sufrimiento,

pues viene y llama la alegría y la estoy recibiendo con los labios temblando,

como si de pronto el cuerpo extrañara, como si en costumbre ominosa

hubiese obviado para siempre la imprevista irrupción de sucesos hermosos;

... es, así, que la alegría casi duele,

ya que con furia se aprieta contra la piel del pecho para hacerse sentir,

para ser reconocida y asumida, y, de esta forma, lograr sentirme y pronunciarse;

... y son, son tan pocas las gotas de rocío vivo

que van apareciendo en el adil o aridez del ardinal que soy,

que las cojo y pongo por las grietas del ser cuidadosamente,

no para que crezcan, no, sino para que no mueran;

… miro en mí, y, en definitiva,

todo parece revertir a ese instante en que me quedo quieto, muy quieto y escuchándome,

como si el leve resplandor que tengo estuviera en peligro, y, con rapidez,

contra un mar taimado de oscuridad inaudita,

tuviera que ordenar las fuerzas para creerlo en mí, y, enseguida,

- frente a un terror o espanto que truena por la sangre -

amarlo frente al mundo hasta el suplicio y defenderlo.

***

Antonio Justel Rodríguez

https://www.oriondepanthoseas.com

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... confina y acostumbra la tristeza del alma, el puro sufrimiento,

pues viene y llama la alegría y la estoy recibiendo con la frente temblando, uso

como si de pronto el cuerpo extrañara y una inercia ominosa

hubiese obviado para siempre la imprevista irrupción de sucesos hermosos;

... es, así, que la alegría casi duele al apretarse a la piel del pecho para hacerse sentir,

para ser reconocida y asumida, y, de esta forma, abrir, inhalar su canto y pronunciarse;

... y son, son tan pocas las gotas de rocío vivo

que van apareciendo y florecen en el ardinal en que a veces soy, y somos,

que en este instante las cojo y pongo por las grietas del ser cuidadosamente,

no para que crezcan, no, sino para que no mueran;

… con asombro miro en mí,

y todo parece revertir a este breve instante en que me quedo quieto, muy quieto y escuchándome,

como si el leve resplandor que tengo estuviera en peligro, y, con rapidez,

contra un mar taimado de oscuridad infinita,

tuviera que ordenar las fuerzas para creerlo en mí, y, enseguida,

- frente a un terror o espanto tronando por la sangre -

amarlo hasta el suplicio y defenderlo.


 

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