Un brillo conocido.
Cercano. Fascinante.
Desde adentro, quizá.
Desde adentro.
Tu guerrera paciencia.
Tus espadas de luz.
Tu desnudo disfraz.
Tu presencia.
Presente.
Impecable.
Pasajera brillante.
Tu corazón en llamas
y tenías frío.
Como un ladrón, mi brazo.
Como un rayo en la noche.
Como una estrella seduciendo
al más austral
de tus hombros celestes.
Manantial de sentidos.
Perpetuidad. Momento.
Todavía nos dudamos,
es cierto.
No queremos creer
que nada más nos basta.
Una vereda.
Un zaguán.
Una llama.
Un silencio.
Una verdad escrita
en las paredes.
Así como no hay despedidas
cuando un encuentro
es para siempre,
es que no hay madrugadas
que nos velen distantes.
Enfrentándonos.
Al borde del apego.
Desde adentro, quizá.
Desde adentro.
Éramos más que bocas,
que ojos.
Éramos más que manos.
Éramos un atentado.
Un volcán.
Un estallido.
Éramos risa y alma.
Éramos niños.
De la mano los niños.
Los locos.
Los locos de la mano.
¿Dónde está la palabra?
Campesina del verbo.
¿Dónde está la palabra?
¿Cómo digo todo esto
si no lo puedo pronunciar?
Mi sangre galopando.
Tus manos en las mías.
Tu mejilla en mi hombro.
Tu voz a mi costado…
Es cierto
nos reconocimos en el espejo
de nuestras almas soñadoras.
Pero ¿dónde está la palabra
que la espera cuestiona?
¿Dónde está la palabra
que quiebra los ladrillos?
¿Dónde está la palabra
que nos devuelve al reino,
al sonido de un ala
dibujando los vientos?
¿Dónde está la palabra
para reconocernos
juntos y libres
compañera sin tiempo?
Soy vasallo de un poema
que le faltan palabras.
Servidor de su reino.
Profeta de sus alas.
Juntos y libres…
Un brillo conocido,
cercano,
fascinante…
Cercano. Fascinante.
Desde adentro, quizá.
Desde adentro.
Tu guerrera paciencia.
Tus espadas de luz.
Tu desnudo disfraz.
Tu presencia.
Presente.
Impecable.
Pasajera brillante.
Tu corazón en llamas
y tenías frío.
Como un ladrón, mi brazo.
Como un rayo en la noche.
Como una estrella seduciendo
al más austral
de tus hombros celestes.
Manantial de sentidos.
Perpetuidad. Momento.
Todavía nos dudamos,
es cierto.
No queremos creer
que nada más nos basta.
Una vereda.
Un zaguán.
Una llama.
Un silencio.
Una verdad escrita
en las paredes.
Así como no hay despedidas
cuando un encuentro
es para siempre,
es que no hay madrugadas
que nos velen distantes.
Enfrentándonos.
Al borde del apego.
Desde adentro, quizá.
Desde adentro.
Éramos más que bocas,
que ojos.
Éramos más que manos.
Éramos un atentado.
Un volcán.
Un estallido.
Éramos risa y alma.
Éramos niños.
De la mano los niños.
Los locos.
Los locos de la mano.
¿Dónde está la palabra?
Campesina del verbo.
¿Dónde está la palabra?
¿Cómo digo todo esto
si no lo puedo pronunciar?
Mi sangre galopando.
Tus manos en las mías.
Tu mejilla en mi hombro.
Tu voz a mi costado…
Es cierto
nos reconocimos en el espejo
de nuestras almas soñadoras.
Pero ¿dónde está la palabra
que la espera cuestiona?
¿Dónde está la palabra
que quiebra los ladrillos?
¿Dónde está la palabra
que nos devuelve al reino,
al sonido de un ala
dibujando los vientos?
¿Dónde está la palabra
para reconocernos
juntos y libres
compañera sin tiempo?
Soy vasallo de un poema
que le faltan palabras.
Servidor de su reino.
Profeta de sus alas.
Juntos y libres…
Un brillo conocido,
cercano,
fascinante…