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El naufragio

lesmo

Poeta veterano en el portal
[...]
aún siente la vieja barca
la tentación del abismo.

¡Semper!
Emilio Ferrari.

El naufragio


En los agudos escarpes
halló mi barca su abrigo,
se astillaron sus cuadernas
ajena a todo peligro.
Me quedé cuando la vi
en el naufragio tristísimo,
pues yo, piloto borracho,
la llevé a tan mal destino.
Sus maderas más se pudren
cada día que la miro,
el viento va derribando
su marinero entresijo.
Cuando suben las mareas,
el desastre carcomido
aún flota en el mar bravo
como un último suspiro.
Mi barca, que sabe todo,
del acuoso torbellino,
le cuenta inmóvil y quieta
a aquel rugiente magnífico
de las pescas la aventura
de la que yo fui testigo.
En las horas del ocaso
cada tarde me dirijo
a verla por la escollera
por encontrar cierto alivio.
Mi barca sigue constante
ocupando el mismo sitio,
parece que allí me aguarda
como diciéndome: –Amigo,
aún me queda el orgullo
de lo que contigo he sido.
Entonces siento en el alma
algo que calma el delirio
de ver aquellas maderas
destrozadas entre guijos;
es el Señor que en la brisa
me susurra a los oídos:
–Siempre fuiste marinero
que surcaba los abismos,
lleva tu barca a la arena,
devuélvele el ser antiguo,
que yo compondré tu alma,
para mí la quiero, hijo.
No existe naufragio alguno
para este Padre infinito,
que en sus brazos los océanos
amainan su ser bravío:
Él es el faro en la noche
y Él es puerto más tranquilo.

Salva Glez. Moles
17 de noviembre, 2021.
 
[...]
aún siente la vieja barca
la tentación del abismo.

¡Semper!
Emilio Ferrari.

El naufragio


En los agudos escarpes
halló mi barca su abrigo,
se astillaron sus cuadernas
ajena a todo peligro.
Me quedé cuando la vi
en el naufragio tristísimo,
pues yo, piloto borracho,
la llevé a tan mal destino.
Sus maderas más se pudren
cada día que la miro,
el viento va derribando
su marinero entresijo.
Cuando suben las mareas,
el desastre carcomido
aún flota en el mar bravo
como un último suspiro.
Mi barca, que sabe todo,
del acuoso torbellino,
le cuenta inmóvil y quieta
a aquel rugiente magnífico
de las pescas la aventura
de la que yo fui testigo.
En las horas del ocaso
cada tarde me dirijo
a verla por la escollera
por encontrar cierto alivio.
Mi barca sigue constante
ocupando el mismo sitio,
parece que allí me aguarda
como diciéndome: –Amigo,
aún me queda el orgullo
de lo que contigo he sido.
Entonces siento en el alma
algo que calma el delirio
de ver aquellas maderas
destrozadas entre guijos;
es el Señor que en la brisa
me susurra a los oídos:
–Siempre fuiste marinero
que surcaba los abismos,
lleva tu barca a la arena,
devuélvele el ser antiguo,
que yo compondré tu alma,
para mí la quiero, hijo.
No existe naufragio alguno
para este Padre infinito,
que en sus brazos los océanos
amainan su ser bravío:
Él es el faro en la noche
y Él es puerto más tranquilo.

Salva Glez. Moles
17 de noviembre, 2021.
Bella metáfora la de esa barca errante que describe el abandono y la redención al surgir nuevamente su esplendor. Encantado, querido Salvador, un gran abrazo.
 
¿Te estas haciendo mayor?
Mira que el subconsciente traiciona al mas pintao. Creo que como mi padre estáis los dos cada vez mas acercándoos al complejo sistema de creer mas fervientemente en Dios conforme os acercáis a la muerte. Bueno no me hagas mucho caso, tengo el complejo de Casandra como ya sabes.
Saludos a todas.
 
[...]
aún siente la vieja barca
la tentación del abismo.

¡Semper!
Emilio Ferrari.

El naufragio


En los agudos escarpes
halló mi barca su abrigo,
se astillaron sus cuadernas
ajena a todo peligro.
Me quedé cuando la vi
en el naufragio tristísimo,
pues yo, piloto borracho,
la llevé a tan mal destino.
Sus maderas más se pudren
cada día que la miro,
el viento va derribando
su marinero entresijo.
Cuando suben las mareas,
el desastre carcomido
aún flota en el mar bravo
como un último suspiro.
Mi barca, que sabe todo,
del acuoso torbellino,
le cuenta inmóvil y quieta
a aquel rugiente magnífico
de las pescas la aventura
de la que yo fui testigo.
En las horas del ocaso
cada tarde me dirijo
a verla por la escollera
por encontrar cierto alivio.
Mi barca sigue constante
ocupando el mismo sitio,
parece que allí me aguarda
como diciéndome: –Amigo,
aún me queda el orgullo
de lo que contigo he sido.
Entonces siento en el alma
algo que calma el delirio
de ver aquellas maderas
destrozadas entre guijos;
es el Señor que en la brisa
me susurra a los oídos:
–Siempre fuiste marinero
que surcaba los abismos,
lleva tu barca a la arena,
devuélvele el ser antiguo,
que yo compondré tu alma,
para mí la quiero, hijo.
No existe naufragio alguno
para este Padre infinito,
que en sus brazos los océanos
amainan su ser bravío:
Él es el faro en la noche
y Él es puerto más tranquilo.

Salva Glez. Moles
17 de noviembre, 2021.

Hola Salvador, me ha gustado cómo escribes y describe esa barca olvidada. Los poetas no tienen edad se inmortalizan en su escritura, has sido un gran maestro y me ha ayudado muchas veces. Revive tu barca amigo mio y sale a navegar sin rumbos, no hagas como Neruda donde dice ""Todo fue naufragio."" Un fuerte abrazo y sueta ya esa tristeza.-
 

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