La Navidad con Hannah

José Ignacio Ayuso Diez

Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
La Navidad con Hannah.

-¡Doctor! ¡Doctor! Mi abuelita no respira, venga vamos, de prisa.

-Era Hannah, una niña que vivía con su abuelita en una casa en las afueras del pueblo. Una casita humilde, con las paredes de mazapán y el porche de chocolate. Al regresar del cole, vio a su abuelita dormida en su sillón de orejones. -Qué raro -pensó Hannah- nunca se duerme antes de comer. -Se le acercó y notó que no respiraba. Se fue corriendo en busca del doctor-.

El doctor y Hannah volaron en una carroza de cisnes negros y al llegar a la casa vieron que la abuelita no estaba. Sobre el sillón, tirado, su chal de alas de mariposa. Hannah se asustó y con voz temblorosa la llamó: -¡Abuelitaaaa, abuelitaaaa! ¿Dónde estás? -nadie le respondió-.

Hannah recordó que hacía unos días su abuelita había recibido una carta hecha de seda y telarañas, y desde entonces, se comportaba de forma extraña; a veces reía, a veces lloraba atormentada con ojos de carbón y alborada cuando creía que nadie la miraba. -Por favor, encuéntrela -le rogó al doctor.-Él la miró desde el corazón y le prometió encontrarla. Buscó y encontró aquella carta hecha de telas de araña y seda. -Hannah la leyó, y en ella decía: -“Madre, lo siento, voy a llevarme a Hannah, iré a buscarla para Navidades...”

-¡Abuelita! ¡Abuelita despierta! que ya estamos todos en la mesa para cenar -Rosalía, la nieta de Hannah, le había tomado la mano y con suaves apretones y besos, intentaba despertarla.

Hannah se despertó sobresaltada, y se quedó mirando a su nieta; una explosión de amor le arqueó sus labios y una lágrima de emoción se deslizó por su mejilla.

-Rosalía, sobrecogida, le preguntó: -¿Abuelita qué te ocurre?

-Nada mi cielo -le contestó- Es que soy muy feliz por estar rodeada de las personas que más quiero en este mundo, y si me gusta la Navidad, es por eso, porque estoy con quienes me quieren y más quiero. Solo nos falta tu abuelito, pero yo sé, que nos acompaña desde el cielo-.

-Hannah tiene 84 años, ha tenido un mal sueño, uno que se le repite desde hace años por Navidad, del que cuando despierta, le hace aferrarse a la vida un año más, con la esperanza de reunirse de nuevo con toda su familia, a la que ama inconmensurablemente.


José I.​
 
La Navidad con Hannah.

-¡Doctor! ¡Doctor! Mi abuelita no respira, venga vamos, de prisa.

-Era Hannah, una niña que vivía con su abuelita en una casa en las afueras del pueblo. Una casita humilde, con las paredes de mazapán y el porche de chocolate. Al regresar del cole, vio a su abuelita dormida en su sillón de orejones. -Qué raro -pensó Hannah- nunca se duerme antes de comer. -Se le acercó y notó que no respiraba. Se fue corriendo en busca del doctor-.

El doctor y Hannah volaron en una carroza de cisnes negros y al llegar a la casa vieron que la abuelita no estaba. Sobre el sillón, tirado, su chal de alas de mariposa. Hannah se asustó y con voz temblorosa la llamó: -¡Abuelitaaaa, abuelitaaaa! ¿Dónde estás? -nadie le respondió-.

Hannah recordó que hacía unos días su abuelita había recibido una carta hecha de seda y telarañas, y desde entonces, se comportaba de forma extraña; a veces reía, a veces lloraba atormentada con ojos de carbón y alborada cuando creía que nadie la miraba. -Por favor, encuéntrela -le rogó al doctor.-Él la miró desde el corazón y le prometió encontrarla. Buscó y encontró aquella carta hecha de telas de araña y seda. -Hannah la leyó, y en ella decía: -“Madre, lo siento, voy a llevarme a Hannah, iré a buscarla para Navidades...”

-¡Abuelita! ¡Abuelita despierta! que ya estamos todos en la mesa para cenar -Rosalía, la nieta de Hannah, le había tomado la mano y con suaves apretones y besos, intentaba despertarla.

Hannah se despertó sobresaltada, y se quedó mirando a su nieta; una explosión de amor le arqueó sus labios y una lágrima de emoción se deslizó por su mejilla.

-Rosalía, sobrecogida, le preguntó: -¿Abuelita qué te ocurre?

-Nada mi cielo -le contestó- Es que soy muy feliz por estar rodeada de las personas que más quiero en este mundo, y si me gusta la Navidad, es por eso, porque estoy con quienes me quieren y más quiero. Solo nos falta tu abuelito, pero yo sé, que nos acompaña desde el cielo-.

-Hannah tiene 84 años, ha tenido un mal sueño, uno que se le repite desde hace años por Navidad, del que cuando despierta, le hace aferrarse a la vida un año más, con la esperanza de reunirse de nuevo con toda su familia, a la que ama inconmensurablemente.


José I.​
Me suena mucho ¿Es una reedición?
Un abrazo, José Ignacio.
 

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