Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Nada de lo que te doy puede acumularse en tu bolso,
ni un gramo de la tarde cabe en este papel arrugado;
si te hace llorar o te hace reír, aumentarás sus olas
o sus soles, pero nunca sus entrelíneas húmedas de arena.
Nada de lo que me das es trofeo o territorio ganado,
aunque el asedio de llamarte mía me llene la boca
al nombrarte, porque te llamas como cada estación,
según te diluyas o emerjas fragorosa de tu ausencia.
Te llamo mi tesoro, pero no quiero comprar nada contigo.
Me bastan las calcomanías de ti que desprendo al mirarte,
mías son las imágenes que proyectas sobre el tiempo
para tatuar en mi lengua la acústica de tus instantes.
Eres el accidente donde ocurre la trayectoria de tu cuerpo
formulado por la desintegración de astros y caminos,
tan elusiva a una definición que te libere o te restrinja
de este hechizo que en nada puede recomponer tu espejo.
Somos lo que es preciso para infernar el aire quemado
que al exhalar, nos respiramos; solo así, sucios de humo,
entramos y salimos de nosotros, tuya tú, yo de nadie,
en la contracción que nos retiene en fronteras infranqueables.
Somos impenetrables aunque nos intentemos a estallidos,
pero solo en la muerte renunciaremos a ser solo uno sola,
porque ya seremos lo mismo: nada y todo simultáneamente,
nunca más un final, sino la posibilidad del principio siempre.
ni un gramo de la tarde cabe en este papel arrugado;
si te hace llorar o te hace reír, aumentarás sus olas
o sus soles, pero nunca sus entrelíneas húmedas de arena.
Nada de lo que me das es trofeo o territorio ganado,
aunque el asedio de llamarte mía me llene la boca
al nombrarte, porque te llamas como cada estación,
según te diluyas o emerjas fragorosa de tu ausencia.
Te llamo mi tesoro, pero no quiero comprar nada contigo.
Me bastan las calcomanías de ti que desprendo al mirarte,
mías son las imágenes que proyectas sobre el tiempo
para tatuar en mi lengua la acústica de tus instantes.
Eres el accidente donde ocurre la trayectoria de tu cuerpo
formulado por la desintegración de astros y caminos,
tan elusiva a una definición que te libere o te restrinja
de este hechizo que en nada puede recomponer tu espejo.
Somos lo que es preciso para infernar el aire quemado
que al exhalar, nos respiramos; solo así, sucios de humo,
entramos y salimos de nosotros, tuya tú, yo de nadie,
en la contracción que nos retiene en fronteras infranqueables.
Somos impenetrables aunque nos intentemos a estallidos,
pero solo en la muerte renunciaremos a ser solo uno sola,
porque ya seremos lo mismo: nada y todo simultáneamente,
nunca más un final, sino la posibilidad del principio siempre.
18 de diciembre de 2021