Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
En una cama más grande
tú y yo,
navegaremos juntos
bajo la noche
un sol
que no interrumpe su reclamo,
un aire
que no confunde su alegría.
Hace falta construir la cama;
en una bolsa los tornillos
amontonados,
como palabras sueltas de un libro
esperan,
su orden mágico.
La cama se llena de promesas,
de barcos veleros,
de futuras olas
que imaginan orillas,
donde dejar
arremolinadas las manos,
donde poner un tope
a los impulsos imprevistos
de las mareas,
que se elevan al pecho
en los latidos,
que son esa necesidad de ser,
la arruga de las sábanas
que pellizcan la piel
la estrujan y la estiran,
le arrancan los sonidos
metálicos de las campanas.
En una cama más grande,
los sueños crecen
apretados
en grandes colonias,
con las alas abiertas
y nuestros nombres
que no olvidan,
la amistad de los colchones
que conocen nuestros gustos
hasta el mínimo detalle.
tú y yo,
navegaremos juntos
bajo la noche
un sol
que no interrumpe su reclamo,
un aire
que no confunde su alegría.
Hace falta construir la cama;
en una bolsa los tornillos
amontonados,
como palabras sueltas de un libro
esperan,
su orden mágico.
La cama se llena de promesas,
de barcos veleros,
de futuras olas
que imaginan orillas,
donde dejar
arremolinadas las manos,
donde poner un tope
a los impulsos imprevistos
de las mareas,
que se elevan al pecho
en los latidos,
que son esa necesidad de ser,
la arruga de las sábanas
que pellizcan la piel
la estrujan y la estiran,
le arrancan los sonidos
metálicos de las campanas.
En una cama más grande,
los sueños crecen
apretados
en grandes colonias,
con las alas abiertas
y nuestros nombres
que no olvidan,
la amistad de los colchones
que conocen nuestros gustos
hasta el mínimo detalle.