Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Se nos secó la edad, los días, las ganas y los instantes
de cuando corríamos por bosques en llamas sin ir a ninguna parte.
Se nos quemaron los años. Me mirabas a los ojos como si no te importase,
como una niña saltando a la comba de mis labios sin besarte.
Y pasaron tres cumpleaños, creo que olvidé felicitarte,
mirando al techo de mi sofá donde te echo de menos de tanto imaginarte
entre dos bombillas fundidas, un papel viejo y la mancha que dejaste
aquel domingo cuando aprendimos a volar y le dimos la espalda al aire.
Cuando entre el sofá y el hueco de nuestra piel se nos dibujo un corazón salvaje
que ahullaba de amor a una farola, al otro lado de nuestra calle.
Pero un día dejó de ser domingo, cada noche parecías alejarte,
acostando temprano tus sueños, despertando deprisa tus ojos sin mirarme,
mirando a la ventana del salón, viendo amanecer la tarde
en que un día rompiste los cristales, hechaste a volar y te marchaste.
de cuando corríamos por bosques en llamas sin ir a ninguna parte.
Se nos quemaron los años. Me mirabas a los ojos como si no te importase,
como una niña saltando a la comba de mis labios sin besarte.
Y pasaron tres cumpleaños, creo que olvidé felicitarte,
mirando al techo de mi sofá donde te echo de menos de tanto imaginarte
entre dos bombillas fundidas, un papel viejo y la mancha que dejaste
aquel domingo cuando aprendimos a volar y le dimos la espalda al aire.
Cuando entre el sofá y el hueco de nuestra piel se nos dibujo un corazón salvaje
que ahullaba de amor a una farola, al otro lado de nuestra calle.
Pero un día dejó de ser domingo, cada noche parecías alejarte,
acostando temprano tus sueños, despertando deprisa tus ojos sin mirarme,
mirando a la ventana del salón, viendo amanecer la tarde
en que un día rompiste los cristales, hechaste a volar y te marchaste.