Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Del brillo de sus ojos yo querría
hablar sin recibir una estocada
pues, si dos dagas fueran, moriría
sin importarle a nadie casi nada.
Con más miedo que mucha valentía,
porque advierto el rencor en su mirada,
con mi último estertor de rebeldía
grito al mundo: ¡Parad esta oleada!
No puede ser, por más que estemos ciegos,
el olvidar del hombre sus valores
para así conformar a tantos egos.
Cada cual, sus matices y colores;
no seamos el uno y su contrario,
buscar confrontación es ser primario.
hablar sin recibir una estocada
pues, si dos dagas fueran, moriría
sin importarle a nadie casi nada.
Con más miedo que mucha valentía,
porque advierto el rencor en su mirada,
con mi último estertor de rebeldía
grito al mundo: ¡Parad esta oleada!
No puede ser, por más que estemos ciegos,
el olvidar del hombre sus valores
para así conformar a tantos egos.
Cada cual, sus matices y colores;
no seamos el uno y su contrario,
buscar confrontación es ser primario.
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